Vergüenza de ser español

Estos días he sentido vergüenza de tener un DNI donde dice que soy español. En pleno siglo XXI, España y su selección de futbol continúan riéndole las gracias a un dictador. Teodoro Obiang, Presidente de Guinea Ecuatorial desde 1979, después de un golpe de Estado contra su tío al cual ejecutó meses más tarde, es uno de los dictadores más longevos de África.

El dictador se formó en la escuela militar de Zaragoza –recordemos que Guinea dejo de ser española el 1968—y no sólo ha sido uno de los dictadores más sanguinarios del mundo, también ha sido el más ladrón. Guinea es el país más rico de África y uno de los más ricos del mundo, pero tres cuartas partes de su población viven –sobreviven— con menos de dos dólares al día, mientras Obiang desvía fondos a cuentas en Europa y Estados Unidos.

Pues bien, “nuestra” selección ha ido a Guinea, sin cobrar su habitual caché, para jugar contra la selección guineana primada con cinco millones. Es decir, mientras la gente se muere de hambre, Obiang tiene 5 millones para animar a sus jugadores de futbol.

¿Era necesario que la selección española fuera a Malabo para hacerse fotos con Obiang? ¿No valdría la pena valorar si era imprescindible este partido que no hace más que normalizar la imagen del dictador opresor?

Nos dicen los españolistas que eso del nacionalismo se cura viajando. Yo soy de aquellos que hacen más de 20 viajes internacionales cada año y, precisamente, viajar es lo que me produce más vergüenza de mi DNI. Cuando, por ejemplo, vas a Brasil –antes de ayer volví de allí-- y te preguntan por qué España apoya a un dictador, no te queda otra que avergonzarte.

Lo más triste es que tenemos muchos más motivos para la vergüenza… Demasiados.

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