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300

Por José A. García Bustos
sábado 02 de julio de 2022, 10:03h

Llegó mi artículo número 300 en este diario. Agradezco la oportunidad que me brindaron hace ahora cinco años.

Espero haber contribuido con mis aportaciones a hacerles mejores personas y a ayudarles a tomar decisiones. En especial, las que les han permitido preservar su salud y su patrimonio.

Echando la vista atrás puedo decir que creo haberles dados buenos consejos. Al menos esa ha sido mi intención. Antes de dárselos he investigado mucho y me he nutrido de diversas fuentes de información.

No adiviné qué equipo iba a ganar el último mundial de fútbol ni Roland Garros pero me siento orgulloso de haberles anunciado con gran antelación que iba a venir una inflación del copón. Espero que hayan tomado precauciones. Incluso les di pautas para poder vencerla y salvaguardar su patrimonio. Oro, plata, criptomonedas que aporten valor y adquisición apalancada (con deuda) de pequeños inmuebles listos para alquilar. Eso sí, guardando un depósito de dinero en efectivo en caso de emergencia por si se quedaban sin trabajo.

Anticipé los efectos nocivos del excesivo endeudamiento y podemos ver que estamos a punto de ser rescatados por Europa. También he criticado algunas políticas de este gobierno de gastar todo lo que se tiene y no dejar superávit. Y he comentado las mentiras de nuestro presidente que se inventó un comité de expertos, culpa a Putin de la inflación o afirma sin rubor que no existió confinamiento o que el precio de la luz no ha subido (si se le descuenta la inflación, añade, sin despeinarse). Pueden ser de izquierdas o de derechas pero la mentira está injustificada ¿Entienden por qué no nos forman suficientemente en educación financiera? Quieren que nos lo traguemos todo.

Me siento orgulloso de haberles hecho pensar. De fomentar que se planteen preguntas e indaguen en las respuestas. Las respuestas muestran la inteligencia de las personas pero las preguntas denotan sabiduría. Juntos, nos hemos preguntado sobre grandes incógnitas de la Historia reciente.

Mi artículo más viralizado, uno de los que han marcado récord en este medio de comunicación, relacionaba la adquisición desaforada de inmuebles en Estados Unidos con sobre precio de Blackrock que ejecutaba el plan de la élite financiera de “no poseerás nada pero serás feliz”.

He sido crítico con la reducción de derechos fundamentales con el miedo como excusa. Porque con el coronavirus he vuelto a ver un viejo patrón para privarnos de libertades: Se crea una situación de miedo extremo y quien la crea aporta la solución pero pide un precio a cambio. Es la versión moderna del contrato social de Montesquieu, Hobbes y Locke.

Esta vez, con la excusa de una nueva pandemia (cuya definición se relajó tras el fracaso de las grandes farmacéuticas para hacer negocio con el miedo con motivo de la gripe aviar en 2009) han cerrado negocios, han restringido y suprimido derechos como nunca. Y se ha hecho de manera ilegal según el Tribunal Constitucional. Pero, sobre todo, han creado miedo y la ciudadanía ha ido en masa a probar una “vacuna”, cuya técnica génica no había sido probada a nivel masivo en personas. Los defensores se muestran optimistas y los pesimistas, lo contrario. Pero todos aseguran que, de no haber sido por la pandemia, habría generado el rechazo de la población. El miedo lo permitió. Problema-Miedo-Solución-Coste para la población ¿ven el patrón?

Ya ocurrió en el 11-S. Desde ese momento hemos perdido importantes libertades que iban a ser temporales. Como lo iba a ser la pérdida del patrón oro del dólar anunciada por Nixon. Aquí no hay nada temporal. Todo parece estar dirigido a un objetivo: poner el contador a cero e iniciar el Gran Reseteo.

Y critiqué el infame pasaporte que, sin rigor científico, no permitía a algunos ciudadanos viajar, entrar en una cafetería, un hotel o un restaurante. Se crearon artificialmente ciudadanos de segunda y mucha gente agachó la cabeza. Eso sí, por los derechos de otros colectivos se sale a las calles a tropel.

Mientras tanto, en España, se crea un “Ministerio de la Verdad” que es capaz de decidir, según interese, qué es fake news y qué no. O una Ley de Seguridad Nacional que dice que, en caso de necesidad, podrán confiscar el patrimonio privado y pedir que realicemos prestaciones personales.

Y les hablé del cambio que viene a traer Bitcoin, el auténtico, el que inventó Craig Wright. El que es un arma para competir con las grandes tecnológicas, puesta a disposición de la gente de manera gratuita.

Mi conclusión es la de siempre: Edúquense y hagan su propia investigación porque no pueden fiarse de lo que dicen las televisiones, contraladas todas por los mismos. Ahí se echa de menos la defensa de la libertad de expresión de las televisiones públicas que tienen mucho que mejorar en este sentido. Y, sobre todo, no tomen decisiones bajo los efectos de la peor compañera de baile: el miedo.

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