La actitud del equipo mallorquín fue inmejorable, impulsado por un acierto descomunal desde la línea de personal (5/6 en los primeros minutos) y aprovechándose de la relajación de un Alicante que salió a pista con la derrota de Zamora en mente, su rival en la lucha por los Playoffs (22-20).
La distancia aumentaría considerablemente en el segundo cuarto, en este caso castigando el rebote ofensivo y bajando considerablemente los registros anotadores del conjunto de Rubén Perelló gracias al trabajo coral de los mallorquines (47-35).
Todo buen momento de partido estuvo sostenido por el pívot belga Archange Izaw Bolavie, que hizo de ancla defensiva para los locales y cambió multitud de tiros, incomodando en exceso a la estrella visitante, Kevin Larsen.
Sin embargo, tras el paso por vestuarios, la zona que planteó Alicante cortocircuitó todas las ideas de Palmer, que vería como su ventaja se redujo en cuestión de diez minutos, dejando todo por decidir para un cuarto final que sería agónico.
Cada acción se convirtió en una situación no apta para cardiacos, con la expulsión incluida de Bolavie, que ponía las cosas muy difíciles a los pupilos de Juani Díez, pero supieron agarrarse al partido.
La defensa de Sanadze, el acierto en ambos lados de la cancha de Josh Roberts y la puntería de Hansel Atencia, todas ellas situaciones muy poco habituales hasta los minutos finales, aparecieron para que Palmer sueñe y siga vivo en la lucha por la permanencia, aferrándose al milagro de seguir un año más en Primera FEB.







