Cuando un jarrón de cristal o porcelana cae el suelo, se hace añicos. Por supuesto hay quien pacientemente vuelve a unir los pedazos con pegamento o cola especial y lo recoloca de nuevo en su estante, mesa u hornacina, pero nunca volverá a ser el mismo. Hablemos de una botella, hay seguidores del Mallorca que la ven medio vacía y otros que la ven medio llena, como el náufrago en una isla desierta, sin embargo ahora mismo está simplemente rota y no hay materia para pegarla sin correr el riesgo de que el agua se filtre por sus grietas. Y no se ha caído casualmente, sino que la han estampado contra la primera pared a mano.
Sus responsables se han pasado los últimos meses cerrando sus ojos ante la realidad. No hace mucho recordábamos que las estadísticas del equipo en el segundo tercio del campeonato reflejaban números de descenso, pero es que en el transcurso de las doce jornadas de la segunda vuelta ha sido de largo el peor. Maheta Molango se ha dedicado a pronunciar conferencias y dar rodeos sin sentido en vez de reconocer su fracaso, que es el de la propiedad y, desgraciadamente el del club.
Ahora toca meter a la prensa local en el bote de los culpables. Tampoco nada nuevo bajo el sol. En este entorno donde quienes más presumen de mallorquinistas son cómplices necesarios de los desmanes de Terrasa, Pedro, Claassen, Cerdá y Sarver, también hay que distinguir entre quienes hemos denunciado los hechos y aquellos que los han amparado por intereses espurios en su mayoría. Desde los llamados “cinco de Hannover” hasta el día de hoy hubo de todo en la viña del señor. Pero de eso a meter a toda la profesión en el mismo paquete media un abismo, por mucho que la táctica de matar al mensajero siga en vigor. Quizás algún día pueda contar la velada amenaza de un empresario de retirar de un medio concreto, que no es este digital, su paupérrima inversión publicitaria.
¡Y estamos en el siglo XXI!





