Los políticos cuidan de salir en la foto para justificar que hacen lo que no hacen. Lucir en los jardines de Marivent o ante el monolito de Sa Faixina cuesta menos que terminar el segundo cinturón de Palma, ya no sé si de Mallorca o de dónde, o evitar los atascos en el primero, especialmente en el acceso a la MA-20 desde la MA-19. En su empeño para convencer a la ciudadanía que se ocupan de sus problemas, los cerebros y cerebras grises de Cort se han apresurado a intervenir en el trascendente asunto de si el estadio de Son Moix debe o no ser compartido por el Reial Mallorca SAD y el Atlétic Balears SAD. Con gran sentido de la anticipación, cabe añadir, dado que el equipo blanquiazul todavía no ha ascendido a Segunda A. Puesto que Maheta Molango se ha apresurado a emitir un comunicado en el que manifiesta que no ha recibido ninguna llamada de alguien del Ajuntament y que la Pro-campo del Estadio Balear lo que quiere es que le arreglen y modernicen sus ruinas, parece evidente que en la Casa de la Vila hay quien solicita para si mismo el papel de redentor, quizás de causas perdidas.
Rafa Nadal, otro que tal. Valga el pareado. Particularmente preferiría verle concentrado ante su semifinal frente a Thiem, que enjuiciando le nefasta gestión de los dirigentes mallorquinistas. No porque no sea mala, que lo es y mucho, sino porque hemos de recordar que con su venta de acciones a Utz Claassen con una considerable plusvalía empezó todo. Por no hablar de la inolvidable labor de su tío Miguel Angel como director deportivo y nada despreciable salario. Nuestro excelente deportista, excelso tenista y mejor persona, que lo cortés no quita lo valiente, lamenta el mal trago que, asegura, ha pasado Monti Galmés, a quien colocaron en tiempos del alemán y han mantenido los americanos. Yo, la verdad, sufro más por los miles de mallorquinistas que no dan crédito a lo ocurrido y padecen desde el fondo de sus almas. Claro que en el palco del Santiago Bernabéu el paisaje se debe contemplar desde otra perspectiva.
Dos ejemplos de lo que se llama meterse en un jardín sin la menor necesidad.





