ÁNGEL MIRALLAS.- Un veterano agente secreto inglés propone a un joven candidato para formar parte de una centenaria organización ultra secreta llamada Kingsman. El joven, un huérfano problemático de los suburbios londinenses, deberá aprender desde cero para poder enfrentarse a sus compañeros en su meta por convertirse en un competitivo espía. Mientras el joven agente prepara su ingreso en el servicio secreto, un extravagante multimillonario norteamericano desarrolla un radical plan para acabar con el cambio climático a costa de muchas vidas humanas.
Tras numerosos intentos fallidos en los últimos años por renovar el maltrecho género del espía glamuroso con películas que ofrecían a imberbes protagonistas a gusto de todos los públicos nos llega, por fin, una historia con un marcado estilo propio, un guión inteligente y lo más destacable y atrevido: dirigida a un público adulto.
“Kingsman. Servicio secreto” es un ecléctico mural que recoge lo mejor del género. La película, aunque diferente, se presenta con un clásico envoltorio: una agencia de espías de lo más esnob debe salvar a la humanidad de un hortera y misántropo yanqui. Quizá la diferencia radica en cómo se desarrolla la trama, que mezcla los métodos mas rotundos del más violento James Bond y el humor del Austin Power más casposo y picante. Afortunadamente, la película no se toma muy en serio a sí misma y parodia sin cesar ese impoluto y atractivo mundo del espionaje que el cine siempre ha tratado de vendernos. Sorprenden sus cuidadas y espectaculares escenas de acción y lucha en las que la violencia y la sangre emergen sin pudor, como aquella que se desarrolla dentro de una iglesia y que más de uno observará impactado. El humor negro y la simbología setentera y ochentera, también salpican y adornan toda la película y le quitan hierro al derrame hemoglobínico como demuestra una de las desternillantes escenas finales. Una coreografía de macabros fuegos artificiales a ritmo de “Pompa y circunstancia”, una de las marchas orquestales más representativas de la música clásica británica.
La flema y parsimonia mostrada por los gentlemen ingleses contrasta con el tono irreverente de la película, cosa que se agradece. Al fin y al cabo, se trata de un producto que ofrece entretenimiento puro y sin pausa buscando la complicidad del espectador y su lado más gamberro. Su numeroso reparto, con unos siempre atractivos y solventes Firth, Jackson y Caine, mengua a lo largo de la película. Al director, Matthew Vaughn, no le importa asesinar salvajemente a las estrellas del reparto a pesar de poder causarle un trauma al fan de turno. Es una forma poco sutil pero efectiva de dar paso a la nueva generación de espías Kingsman y a las posteriores entregas que, sin duda, desembarcarán en las pantallas próximamente.
Director: Matthew Vaughn
Reparto: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Hamill, Mark Strong, Michael Caine
PUNTUACIÓN: 8
Ángel Mirallas
@Ahemir








