Soy un apasionado de los pasatiempos, en especial los crucigramas. Desde muy jovencito, mi progenitor me educó en el arte de la reflexión a base de la búsqueda de palabras, la relación entre ellas y el ingenio que se consigue a través del tesón y del esfuerzo mental. Rellenar esas casillas blancas, vacías – en el momento mágico del inicio- resulta un ejercicio altamente estimulante. Uno se sitúa en frente del tablero enigmático con una cierta dosis de curiosidad. Se necesita, de arranque, un estado de tranquilidad y sosiego cerebral; imposible enlazar crucigrama con un estado de ánimo que conlleve excitación y, mucho menos, prisa. El pasatiempo requiere paciencia y tiempo: no deja de ser una gestión netamente positiva del ocio personal, aquel que solo puede vivir una persona en soledad y recogimiento. Surgiendo a lo largo del recorrido que van ofreciendo las diversas interrogaciones que se deben ir salvando, la persona que juega siente el reto y se concentra para ejercer individualmente su osadía intelectual. Relajadamente, las ideas hierven en el interior del cráneo, mientras la inteligencia muestra su esencia: avanzar de lo concreto a lo universal; la aplicación inversa de esta premisa conduce, velozmente, a la más estricta imbecilidad humana. La combinación de palabras horizontales con otras de verticales ayuda a sugerir conceptos que, equilibrados, aproximan a la solución deseada, la final. Según el crucigramista o el medio de comunicación que lo publica, las definiciones adquieren su propia personalidad. Así, hay que contar con la ironía de algunos, el humor de otros, la complicación mental o la ingenuidad. Yo, personalmente, me atrevo a indicar un par de condiciones, de consejos para aquellos que quieran iniciarse en la práctica de tan magnífico ejercicio: alternar, con disciplina las horizontales y las verticales; es decir, no pasar de unas a otras desordenadamente, sino siguiendo su orden interno. Y, en segundo lugar, acompañar la resolución del enigma degustando un delicioso te con un poquito de leche fría; el café no sirve. ¡Anímense! Me lo agradecerán. No les quepa la menor duda. Una última observación: si un crucigrama se les “atasca”, no vayan a buscar las soluciones. Déjenlo unas horas en reposo, unos días, incluso unos meses…y luego reprendan su labor.Soy un apasionado de los pasatiempos, en especial los crucigramas. Desde muy jovencito, mi progenitor me educó en el arte de la reflexión a base de la búsqueda de palabras, la relación entre ellas y el ingenio que se consigue a través del tesón y del esfuerzo mental. Rellenar esas casillas blancas, vacías – en el momento mágico del inicio- resulta un ejercicio altamente estimulante. Uno se sitúa en frente del tablero enigmático con una cierta dosis de curiosidad. Se necesita, de arranque, un estado de tranquilidad y sosiego cerebral; imposible enlazar crucigrama con un estado de ánimo que conlleve excitación y, mucho menos, prisa. El pasatiempo requiere paciencia y tiempo: no deja de ser una gestión netamente positiva del ocio personal, aquel que solo puede vivir una persona en soledad y recogimiento. Surgiendo a lo largo del recorrido que van ofreciendo las diversas interrogaciones que se deben ir salvando, la persona que juega siente el reto y se concentra para ejercer individualmente su osadía intelectual. Relajadamente, las ideas hierven en el interior del cráneo, mientras la inteligencia muestra su esencia: avanzar de lo concreto a lo universal; la aplicación inversa de esta premisa conduce, velozmente, a la más estricta imbecilidad humana. La combinación de palabras horizontales con otras de verticales ayuda a sugerir conceptos que, equilibrados, aproximan a la solución deseada, la final. Según el crucigramista o el medio de comunicación que lo publica, las definiciones adquieren su propia personalidad. Así, hay que contar con la ironía de algunos, el humor de otros, la complicación mental o la ingenuidad. Yo, personalmente, me atrevo a indicar un par de condiciones, de consejos para aquellos que quieran iniciarse en la práctica de tan magnífico ejercicio: alternar, con disciplina las horizontales y las verticales; es decir, no pasar de unas a otras desordenadamente, sino siguiendo su orden interno. Y, en segundo lugar, acompañar la resolución del enigma degustando un delicioso te con un poquito de leche fría; el café no sirve. ¡Anímense! Me lo agradecerán. No les quepa la menor duda. Una última observación: si un crucigrama se les “atasca”, no vayan a buscar las soluciones. Déjenlo unas horas en reposo, unos días, incluso unos meses…y luego reprendan su labor.Soy un apasionado de los pasatiempos, en especial los crucigramas. Desde muy jovencito, mi progenitor me educó en el arte de la reflexión a base de la búsqueda de palabras, la relación entre ellas y el ingenio que se consigue a través del tesón y del esfuerzo mental. Rellenar esas casillas blancas, vacías – en el momento mágico del inicio- resulta un ejercicio altamente estimulante. Uno se sitúa en frente del tablero enigmático con una cierta dosis de curiosidad. Se necesita, de arranque, un estado de tranquilidad y sosiego cerebral; imposible enlazar crucigrama con un estado de ánimo que conlleve excitación y, mucho menos, prisa. El pasatiempo requiere paciencia y tiempo: no deja de ser una gestión netamente positiva del ocio personal, aquel que solo puede vivir una persona en soledad y recogimiento. Surgiendo a lo largo del recorrido que van ofreciendo las diversas interrogaciones que se deben ir salvando, la persona que juega siente el reto y se concentra para ejercer individualmente su osadía intelectual. Relajadamente, las ideas hierven en el interior del cráneo, mientras la inteligencia muestra su esencia: avanzar de lo concreto a lo universal; la aplicación inversa de esta premisa conduce, velozmente, a la más estricta imbecilidad humana. La combinación de palabras horizontales con otras de verticales ayuda a sugerir conceptos que, equilibrados, aproximan a la solución deseada, la final. Según el crucigramista o el medio de comunicación que lo publica, las definiciones adquieren su propia personalidad. Así, hay que contar con la ironía de algunos, el humor de otros, la complicación mental o la ingenuidad. Yo, personalmente, me atrevo a indicar un par de condiciones, de consejos para aquellos que quieran iniciarse en la práctica de tan magnífico ejercicio: alternar, con disciplina las horizontales y las verticales; es decir, no pasar de unas a otras desordenadamente, sino siguiendo su orden interno. Y, en segundo lugar, acompañar la resolución del enigma degustando un delicioso te con un poquito de leche fría; el café no sirve. ¡Anímense! Me lo agradecerán. No les quepa la menor duda. Una última observación: si un crucigrama se les “atasca”, no vayan a buscar las soluciones. Déjenlo unas horas en reposo, unos días, incluso unos meses…y luego reprendan su labor.Soy un apasionado de los pasatiempos, en especial los crucigramas. Desde muy jovencito, mi progenitor me educó en el arte de la reflexión a base de la búsqueda de palabras, la relación entre ellas y el ingenio que se consigue a través del tesón y del esfuerzo mental. Rellenar esas casillas blancas, vacías – en el momento mágico del inicio- resulta un ejercicio altamente estimulante. Uno se sitúa en frente del tablero enigmático con una cierta dosis de curiosidad. Se necesita, de arranque, un estado de tranquilidad y sosiego cerebral; imposible enlazar crucigrama con un estado de ánimo que conlleve excitación y, mucho menos, prisa. El pasatiempo requiere paciencia y tiempo: no deja de ser una gestión netamente positiva del ocio personal, aquel que solo puede vivir una persona en soledad y recogimiento. Surgiendo a lo largo del recorrido que van ofreciendo las diversas interrogaciones que se deben ir salvando, la persona que juega siente el reto y se concentra para ejercer individualmente su osadía intelectual. Relajadamente, las ideas hierven en el interior del cráneo, mientras la inteligencia muestra su esencia: avanzar de lo concreto a lo universal; la aplicación inversa de esta premisa conduce, velozmente, a la más estricta imbecilidad humana. La combinación de palabras horizontales con otras de verticales ayuda a sugerir conceptos que, equilibrados, aproximan a la solución deseada, la final. Según el crucigramista o el medio de comunicación que lo publica, las definiciones adquieren su propia personalidad. Así, hay que contar con la ironía de algunos, el humor de otros, la complicación mental o la ingenuidad. Yo, personalmente, me atrevo a indicar un par de condiciones, de consejos para aquellos que quieran iniciarse en la práctica de tan magnífico ejercicio: alternar, con disciplina las horizontales y las verticales; es decir, no pasar de unas a otras desordenadamente, sino siguiendo su orden interno. Y, en segundo lugar, acompañar la resolución del enigma degustando un delicioso te con un poquito de leche fría; el café no sirve. ¡Anímense! Me lo agradecerán. No les quepa la menor duda. Una última observación: si un crucigrama se les “atasca”, no vayan a buscar las soluciones. Déjenlo unas horas en reposo, unos días, incluso unos meses…y luego reprendan su labor.
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