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Hace años, muchos —quizás demasiados para mi gusto— cuando el que subscribe empezaba a lidiar con las tareas propias de profesiones bohemias tales como el cine y la televisión, a los actores y actrices, en general, se les denominaba (y no especialmente de modo peyorativo) “cómicos”. En el momento en
Soy “bilingüista” de toda la vida; y, por imperativo legal. No me gusta decir que soy bilingüe porque el término me parece ambiguo y, además, sólo tengo un órgano bucal muscular. Ejerzo, desde mi nacimiento, el bilingüismo y como me siento practicante activo de esta función, prefiero autodefinirme como “bilingüista”.
Soy un “simétrico” de padre y muy señor mío; o, si lo prefieren, de tomo y lomo. Bueno, aclaremos algunos conceptos: no es que un servidor sea “simétrico”, que también (a pesar de tener una oreja más alta que la otra; o una más baja que la otra, como gusten),
Les voy a contar a ustedes, amables lectores, algo insólito que me ha ocurrido este pasado fin de semana. De entrada, algunas precisiones necesarias para comprender la magnitud de mi sorpresa. Resulta ser que, desde mi más tierna infancia, siempre había creído que lo de las Islas Canarias era un