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¡Ostras, Pedrín! Hasta ayer, pensé siempre que en el Cielo (el Cielo con mayúscula, es decir, el Cielo paradisíaco, no el cielo-bóveda terrestre, el nuboso, soleado o lluvioso), reinaba el más grande de los sosiegos, el reposo y la placidez más absolutos y una armonía calmosa y despreocupada. Pues va
Hace años, muchos —quizás demasiados para mi gusto— cuando el que subscribe empezaba a lidiar con las tareas propias de profesiones bohemias tales como el cine y la televisión, a los actores y actrices, en general, se les denominaba (y no especialmente de modo peyorativo) “cómicos”. En el momento en