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Plantar cara a las desalentadoras previsiones económicas

jueves 15 de octubre de 2020, 00:00h

Las previsiones para la evolución de la economía española empeoran. La última estimación es la realizada por el Fondo Monetario Internacional que prevé que, al acabar 2020, nuestro país estará a la cabeza de la recesión con una caída del 12,8 por ciento en su economía, cuatro puntos y medio más que la media de la zona euro. El FMI considera, por tanto, que el retroceso de la economía española será mayor del que espera el Gobierno, que, en su última revisión, había previsto que el Producto Nacional Bruto caería un 11,2 por ciento este año.

El FMI considera que esta mala evolución provocará que durante 2021 se mantengan los niveles de desempleo con los que España cierre el 2020, a pesar de que se pueda producir un repunte de las cuentas nacionales el próximo año. En concreto, se espera que el paro alcance a final de año el 16,8 por ciento de la población activa.

Otras previsiones añaden dramatismo a este escenario ya de por sí desalentador. La crisis actual podría hacer emerger un millón de nuevos pobres en nuestro país, según cálculos de Oxfam Intermón, que ha elaborado un estudio que calcula que el número de personas en España en esta situación extrema puede alcanzar con esta crisis los 10,9 millones; uno de cada cinco ciudadanos.

Trasladados a Baleares, los datos son aún más demoledores al tratarse de una de las regiones más castigadas por la actual crisis, con una caída del 35,6 por ciento según el último informe de coyuntura elaborado por CAEB.

El panorama obliga a tomarse en serio la economía, haciendo que sea el eje central de todos los debates y las decisiones de futuro; ayudando -o no obstaculizando, al menos- a los sectores que han demostrado capacidad de generar negocio, y ofreciendo credibilidad a aquellos que deben garantizar el flujo crediticio y las ayudas prometidas. No hacerlo significará entrar en un invierno económico que podría durar años, con los efectos que ello supondría para el empleo y el bienestar.

Nuestra economía no puede relegar a los sectores que hace apenas unos años hacían que creciera por encima de la media europea. La aspiración no puede ser la de una economía subsidiada, sino la de la economía dinámica que hemos sido hasta no hace tanto.


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