Cae en España una red criminal dedicada al robo de relojes de lujo en zonas turísticas, entre ellas, Baleares. Detrás de cada reloj robado hay una escena de violencia calculada, ejecutada con frialdad y coordinación milimétrica. Detrás de cada detenido, un engranaje de una maquinaria criminal que tenía en Barcelona su centro de operaciones y en las zonas turísticas de lujo su territorio de caza.
UN GRUPO PIONERO PARA UNA AMENAZA NACIONAL
En enero de 2026, la Policía Nacional creó un grupo específico y pionero para coordinar, a escala nacional e internacional, la lucha contra estas redes de robo de alta gama. El objetivo era claro: poner fin a la impunidad de bandas que hasta entonces esquivaban la acción policial gracias, precisamente, a su carácter itinerante y perfectamente organizado.
La cooperación con otras fuerzas europeas, entre ellas la Polizia di Stato italiana, ha resultado clave para avanzar en el desmantelamiento de estas estructuras. El trabajo conjunto de este primer cuatrimestre ya arroja resultados contundentes: 34 personas detenidas y otras 43 identificadas y pendientes de ser arrestadas.
ASÍ OPERABAN
La mecánica era siempre la misma. Los grupos criminales, con base en Barcelona, se desplazaban en pequeñas células a ciudades con alta concentración de establecimientos de lujo y turismo internacional. Sus destinos habituales incluían Madrid, Málaga, Alicante, Marbella y, de forma recurrente, Palma e Ibiza.
Una vez en el lugar, seleccionaban a sus víctimas —generalmente turistas extranjeros de alto poder adquisitivo— y realizaban labores de vigilancia. Los asaltos se ejecutaban con violencia directa, y contaban con al menos dos personas: un autor material del robo y un cómplice encargado de facilitar la huida en vehículo.
En algunos casos existía incluso un tercer vehículo de apoyo para trasladar el reloj robado de inmediato, dificultando así su recuperación. Tras cada golpe, regresaban rápidamente a Barcelona, donde daban salida a los objetos robados.
GORRAS, MÁSCARAS Y MATRÍCULAS DUPLICADAS
Para dificultar su identificación, los integrantes de estas redes empleaban un amplio arsenal de medidas: gorras, mascarillas y gafas de sol para ocultar el rostro, documentación falsa para alojarse y alquilar vehículos, y matrículas duplicadas para eludir los controles policiales.
Las organizaciones facilitaban a sus miembros todos los medios necesarios para actuar: alojamiento, documentación y transporte. Una logística criminal de alto nivel que refleja el grado de profesionalización de estas bandas.
UN MUERTO EN IBIZA: EL CASO MÁS GRAVE
Entre los hechos esclarecidos destaca un caso de extrema gravedad ocurrido en Ibiza en agosto del año pasado. Durante un forcejeo para arrebatar el reloj a la víctima, los atacantes la golpearon con tal violencia que cayó al suelo y falleció en el acto. El homicidio forma parte ahora del sumario de esta operación.
Los relojes sustraídos en los casos resueltos tenían un valor de entre 15.000 y 100.000 euros, lo que da cuenta del botín que estas redes eran capaces de generar en cada acción.








