El balance anual de los agentes de la propiedad inmobiliaria publicado por mallorcadiario.com deja claro que, en 2025, el mercado de la vivienda en Baleares no sólo consolidó su recuperación tras los rigores de la crisis de los últimos años, sino que marcó hitos que deberían preocupar a cualquier persona que aspire a vivir en su propia comunidad.
Con 14.633 compraventas cerradas a lo largo del año, Baleares demuestra una actividad inmobiliaria intensa y sostenida, con un crecimiento del 5,7 por ciento respecto a 2024. A primera vista, estos números pueden sonar a dinamismo y fortaleza. Sin embargo, cuando se desgranan, revelan la radiografía inquietante de un mercado dominado por la presión de la demanda y la escasez estructural de oferta.
Porque si hay una cifra que resume bien la realidad del mercado balear es el precio medio de la vivienda, que en 2025 alcanzó 3.988 euros por metro cuadrado, un 11,5 por ciento más que el año anterior y la cifra más alta registrada en la serie histórica. Esto se traduce -como bien saben quienes buscan casa- en precios de oferta que superan los 5.160 euros por metro cuadrado, cifras que colocan al archipiélago entre los mercados residenciales más caros de España.
Más del 31 por ciento de las operaciones del cuarto trimestre fueron realizadas por extranjeros, con un protagonismo especial de compradores alemanes, británicos e italianos.
La capital, Palma, no escapa a esta lógica implacable. Sus precios medios rondaron los 4.086 euros por metro cuadrado, con incrementos interanuales significativos. Y por si quedara alguna duda sobre la naturaleza global de la demanda, el informe destaca además un repunte notable de compradores internacionales: más del 31 por ciento de las operaciones del cuarto trimestre fueron realizadas por extranjeros, con un protagonismo especial de compradores alemanes, británicos e italianos.
Del lado de la financiación, el crecimiento del crédito hipotecario apunta a una mayor confianza entre quienes aún pueden permitirse comprar: con más de 10.467 hipotecas firmadas y un importe medio de casi 275 000 euros, Baleares encaja plenamente en esa tendencia de mercado donde los precios siguen subiendo porque la gente sigue comprando, o al menos puede hacerlo.
Pero ¿qué significa todo esto para quienes buscan vivienda propia, especialmente para los jóvenes, los trabajadores con salarios medios o las familias que no disponen de un colchón financiero? La respuesta es evidente: muy poco. La creciente brecha entre los precios y la capacidad adquisitiva de la mayoría de residentes locales convierte el sueño de la vivienda en propiedad en un objetivo cada vez más lejano.
En un contexto donde la presión sobre el mercado no muestra signos de relajarse, Baleares no sólo afronta un reto económico, sino también social como es garantizar que el derecho a una vivienda digna no se convierta en un privilegio reservado a unos pocos.
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