La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) podrá dirimir cuestiones competenciales o formales, pero no altera un hecho incontestable que miles de conductores han comprobado cada mañana: desde que se suprimió el carril bus-VAO en la Ma-19, las retenciones en la entrada a Palma se han reducido de forma drástica.
El carril especial no se implantó sobre una ampliación de la infraestructura, sino en detrimento de uno de los carriles existentes. Es decir, se restó capacidad a una de las principales arterias viarias de Mallorca en hora punta, en un acceso que soporta decenas de miles de vehículos diarios procedentes de Llevant y Migjorn.
El resultado fue inmediato: atascos generalizados, tiempos de desplazamiento disparados y una sensación creciente disgusto entre los usuarios de la vía, atrapados en una permanente retención.
Cuando una medida empeora objetivamente la vida diaria de miles de ciudadanos, rectificar no es rendirse: es gestionar
La teoría del carril bus-VAO es defendible desde el punto de vista de la movilidad sostenible. Priorizar el transporte público y los vehículos de alta ocupación puede ser razonable. Pero toda política pública exige planificación, datos y adaptación a la realidad. En la Ma-19 se optó por un diseño deficiente, sin alternativas suficientes, sin refuerzos previos del transporte colectivo y sin una pedagogía social mínima. Se improvisó sobre una infraestructura saturada y los usuarios pagaron el precio.
La eliminación del carril no es una enmienda a la movilidad sostenible; es la corrección de un mal experimento. La mejora sustancial de la fluidez demuestra que el problema no era ideológico, sino técnico. Cuando una medida empeora objetivamente la vida diaria de miles de ciudadanos, rectificar no es rendirse: es gestionar.
La sentencia del TSJ de Madrid avala la decisión de la DGT de mantener el polémico carril. Pero en la Ma-19 hablan los hechos. Y los hechos dicen que hoy se circula mejor que en la anterior legislatura.




