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El furor rojo

miércoles 05 de septiembre de 2018, 02:00h

Un amigo chileno me comentó días atrás que fue la Bachelet, socialista por más señas, quién proclamó que Chile vivía, gracias a su gobierno, una «democracia distinta». Y ahora, el estirado Pedro Sánchez nos anuncia que se aproxima, gracias a su gobierno, una nueva versión; la «democracia totalitaria». En este punto ya no caben medias tintas, ni convenios ni conciertos, lo único que se cuestiona como imprescindible es «llegar hasta el final», en todos los sentidos. Y tal final no es simplemente mantenerse en el poder, sin más, sino que es mucho más intenso y extenso. Esa democracia se aleja completamente del pensamiento liberal de Locke y se confunde con Rousseau y con el mismísimo Marx. A Sánchez no le molesta que, en pleno siglo XXI, se hable de la guerra civil española, en forma muy parcial y selecta, mientras se anuncia un homenaje póstumo al fundador del marxismo, promotor de más de cien millones de muertos y mantenido vigente en países como Corea del Norte, Venezuela o la misma China. Para el presidente electo por descarte, ese final no tiene punto de remate. Y como niega la misma esencia de su ascenso al gobierno, la elección democrática, da la espalda a la ley y al sentido común, sin importarle ni un comino que la nación en la cual nació se encamine hacia una más que anunciada debacle.

Colocada su esposa, colocados sus amiguetes, colocados sus acreedores, abrazado a Soros y a todos los especuladores de la pobreza ajena, galleando con las riquezas propias, Sánchez ha embarcado a todo el país hacia un estado en el cual ni concordia, ni verdad, ni historia, ni decencia tienen cabida. Para Sánchez y sus ministros la autonomía individual, la libertad personal, la dignidad y el respeto a toda una ciudadanía no merece más que la burla. Ni economía moderna, ni control de la vida, ni impulso cultural ni crecimiento social obtienen la atención de un gobierno que dirige los destinos del país de espaldas a la inmensa mayoría de sus ciudadanos y de cara, sonriente y afable, a los que, día sí, día también, anuncian su total desprecio al resto de tierras y gentes de ese país. Y para ese objetivo personal e increíble, el totalitarismo democrático, no tiene miramiento alguno a la hora de perseguirlo, sintiéndose acreedor de interferir en todos los aspectos de la vida de los ciudadanos.

Marx, homenajeado gigoló ahora, y su discípulo Lenin, otro gigoló vividor de sus mujeres que tampoco dio un palo al agua en su vida, hicieron de su vida política una purga constante y sin miramiento alguno. Los rojos acabaron primero con los blancos, y posteriormente se enzarzaron en liquidarse entre ellos. Si en el socialismo español esto último todavía no se da, en el comunismo de su «partner» es postre de todos los días. En tal «democracia distinta» gobernar por decreto es su modus operandi, acallar a la oposición impidiendo votaciones, también; trastocar las instituciones que obstaculizan su acción sectaria, también. Y hasta dejar claro que no son «amigos» de los adversarios les autoriza a purgar a todo aquel profesional que no está situado dentro de su senda ideológica. De ahí que a la soviética Rosa Maria Mateo no le duelan prendas en darle ricino soviético a toda la redacción de TVE y RNE, hasta el extremo de que Monedero — otro que da la impresión de que huye de la ducha diaria — ya reclame que escuchemos RNE y no la SER. Sintomático.

Medios que, como buenos clientes del patricio gobernante, acallan desastres informativos y apuestan por el más vil de los revanchismos, dejando de lado los niveles de audiencia y la credibilidad de la información. Solamente desean manejar el poder que otorga una televisión. Y mientras tanto Sánchez anuncia un referéndum para acallar a Torra — o eso se cree él —, los esperpenticos Tarda y Rufián presumen de mantenerse como diputados, aun habiendo logrado la independencia, para invadir el País Valenciá y Les Illes. O sea, que la solución política anunciada por el socialista presidente se prolongaría hasta el infinito, con constantes goles por la escuadra desde las filas independistas, gallegas, vascas o catalanas. El Anschluss​ a la catalana.

Es un final, sin fin, relleno de frases altisonantes sin sentido ni gramática alguna. El gol a la ministra Valerio por la OTRAS, no fue por la escuadra, sino un esplendido caño entre las piernas; que las elecciones no convienen a la ciudadanía, Calvo dixit, no es más que la mentira que esconde que a quién no conviene es al gobierno y a los socialistas; el anunciar una serie de actos conmemorativos de la nefasta república española, es echar gasolina al puchero de la confrontación social; el informar día sí, día también, de la exhumación de la momia de Franco, es lanzar absurdas contramedidas ante el cúmulo de torpezas surgidas desde el gobierno y desde Ferraz; inundar los CIE de migrantes, con Aquarius incluido, para contratar a las ONG,s de Soros es más nepotismo que el implantación del Erasmus africano gestionado por la bella Begoña Gómez. Y así, hasta el infinito.

Sin embargo, lo peor no es el estado en que se halla España, lo peor es que los medios de comunicación callan y otorgan, su silencio es tan estruendoso que causa pánico. Y el futuro que se avecina con un personaje cebado por el revanchismo, el desquite, el rencor y la venganza contra todo lo no comulga con su mente totalitaria, es aterrador. Un solo apunte más; Gil Robles se negó a formar gobierno y dio paso al Frente Popular, Rajoy no se avino a dimitir y forzar elecciones, y hoy tenernos el furor rojo, de nuevo.

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