Los hay que solicitan permiso para podar un rosal en su jardín, para instalar una pérgola que puede molestar a la comunidad de vecinos, o para cambiar el color de las persianas sin violentar a nadie. Otros sueñan hace años, la quimérica poda del seto del vecino para poder ver un trozo de montaña, o que el vecino de enfrente deje de tender la ropa en la terraza comunitaria para poder ver un poco más allá de la ciudad llena de tejados.
Hay otros sin embargo que llegan, compran un solar en una de las zonas más solicitadas de la Isla, construyen una chaletito de trescientos metros cuadrados en primera línea y sin pestañear, cortan los 50 pinos que tienen justo delante porque le molestan para ver el mar al completo y en pantalla de mil pulgadas por lo menos.
Ese pinar que ofreció su sombra a los que veraneaban allí desde toda una vida, o desde hace poco, desapareció en cuestión de horas, llevándose consigo una parte de la memoria de quienes apoyaron sus bicis en esos pinos después de pedalear un rato y antes de darse el primer chapuzón adolescente de la mañana. O de quienes simplemente disfrutaban sentándose bajo su sombra para contemplar el mar a cualquier hora del día.
Ahora tendremos que irnos a otro lado, justo debajo de los pinos de los vecinos que colindan con la casa de ese promotor, más chulo que un ocho, que ahora tiene un inmueble que vale medio millón de euros más de lo que valía y además, es el que más vale de la zona, porque es el único que ve el mar, al completo. Será la estrella inmobiliaria de la zona, se lo rifarán.
En cuanto a la multa en incubación, los 666.000 euros del expediente abierto por el Adjuntament de LLucmajor, me parece baja (aunque la norma aplicable prevea esa cuantía), teniendo en cuenta como he explicado, la revalorización del inmueble en cuestión. Esperemos que la Fiscalía actúe de forma contundente contra ese depredador con dos dedos de frente.
Los pinos tardarán más de 25 años en volver a presentar el mismo aspecto, o similar, porque es evidente que nunca será el mismo. Mientras, ese promotor disfrutara o bien de la vista fruto del robo al que nos ha sometido a todos; o bien del dinero obtenido con la venta del inmueble.
Urge una modificación normativa a todos los niveles a fin de evitar que otros promotores tan chulos y tan ochos como éste, jueguen a la política de hechos consumados consiguiendo salir casi indemnes económicamente con el jueguito en cuestión. No es tan sólo por esos 50 pinos, es la chulería la que debería tener un plus de sanción en todos los niveles jurídicos.





