La resolución del Tribunal Supremo de mantener la pena de cinco años y medio de cárcel para Maria Antònia Munar por el caso Maquillaje muestra, en contraposición con recientes sentencias, que no parece haber el mismo rasero a la hora de enjuiciar hechos que afectan a exaltos cargos en instituciones si pertenecen a partidos de ámbito nacional y con mucho poder en Madrid o bien se trata de un pequeño partido, que fue bisagra en un archipiélago pequeño y que encima tenía veleidades nacionalistas, defendía la lengua catalana y dotó a Mallorca de himno. En este caso, no ha habido ni la más mínima conmiseración para la expresidenta del Consell de Mallorca y de Unió Mallorquina. Todo lo contrario. El Tribunal Supremo absuelve del delito de negociaciones y actividades prohibidas a funcionarios a Munar, pero le mantiene la misma pena de cinco años y medio de prisión impuesta por la Audiencia de Palma. Vivimos tiempos muy confusos, duros y difíciles. La situación en Catalunya es explosiva. Y el Tribunal Supremo está compuesto por juristas de altísimo prestigio pero que en última instancia son personas. Ello significa que es imposible que queden del todo exentos del clima político del momento. Independientemente de los hechos concretos sentenciados por el alto tribunal, ahora pintan bastos en Madrid para los que defienden los derechos de los catalanoparlantes desde la periferia. En épocas de crisis los prejuicios suelen pesar tanto como los juicios de valor. Hace unos meses, Jaume Matas, exministro de España y expresidente de Baleares, vio sensiblemente rebajada su pena por el Supremo. Obviamente, se enjuiciaron hechos diferentes a los de Munar, pero en la Audiencia de Palma Matas fue condenado a una pena muy similar a la de la expresidenta del Consell. Pero el Supremo se la recortó hasta tal punto que en la práctica se convirtió en imposible su ingreso en prisión. Con Munar ha habido mucha más contundencia judicial. Al fin y al cabo presidía una pequeña formación, eso sí, muy bien posicionada, que hizo posibles varios cambios políticos en Baleares, Pero su fuerza no iba más allá de un puñado de diputados y alcaldes. Bien poca cosa. Pura debilidad a la postre. Una debilidad sobre la cual le ha caído ahora encima todo el peso de la ley. Convencida de su inocencia y de la influencia de la coyuntura política en su condena, Munar no tirará la toalla y presentará recurso ante el Tribunal Constitucional, presidido por un militante del PP. Le quedan, por tanto, otros capítulos a este intenso proceso judicial que afecta de forma poderosísima a quien durante doce años fue presidenta de Mallorca.
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