Ahora que el enfermo ha salido de la UCI y ha sido trasladado a planta, aunque no puede recibir el alta médica, la pelota está en el tejado de quien toca el violín: Maheta Molango. El consejero delegado, que ha desplegado una intensa actividad social como contrapartida a su indecisión en otros campos, tiene derecho a descansar un día, dos o todos los que le dejen o le dé la gana, pero el sentido de la responsabilidad que se le supone exige una intervención personal y profunda, muy profunda, para acabar con el cáncer que corroe las mismísimas entrañas del club.
Soy muy escéptico al respecto, lo reconozco, porque a la etapa de criterio y profesionalidad esgrimidos por Utz Claassen, ha seguido otra donde ambas cosas permanecen en entredicho. La opacidad de la inversión de Robert Sarver y sus socios no ha desaparecido y los causantes de esta situación que ha rozado lo irreversible, continúan moviendo los hilos entre bambalinas procurando halagar los oídos del suizo con la intención de conservar su influencia.
El alemán no puede ser presidente ni un día más y lo que es peor, mucho menos quienes suenan como sus sucesores, Monti Galmés, barcelonista declarado y correveidile del accionista de Syntellix, Nash, Kohlberg y quien haga falta, ni Toni Tugores, rendido a imposiciones indignas a cambio de mantener su condición de delegado de campo y presidente de la comisión del centenario dedicado a homenajes singulares. Pirámide abajo, tampoco es de recibo la continuidad de Miguel Angel Nadal, contratado por su apellido que no por sus conocimientos. Ni siquiera Fernando Vázquez, que no solamente no ha salvado al equipo, y él lo sabe, sino que le ha conducido a las puertas del infierno pese a los seis futbolistas que pusieron a sus órdenes en el mes de enero. Pero incluso así, la limpieza no iría más allá de la superficie y es tan necesario limpiar tanto por arriba, el entorno de Pedro Terrasa cuyos delfines aletean por los pasillos de Son Moix, como por abajo hasta alcanzar los mismísimos cimientos de la ciudad deportiva, porque la traición campa a sus anchas desde el campanario hasta la bodega.





