- ¿Cómo nació tu relación con la música?
Yo soy el pequeño de cinco hermanos. Recuerdo que ellos escuchaban música todo el día. Cuando tenía unos seis o siete años, empecé mi primera colección de discos con 'singles' de 7 pulgadas. En lugar de juguetes, le pedía a mi madre que me comprara vinilos los domingos de mercado (risas). Hasta tenía mi propia 'maletita'.
Siendo preadolescente, con 13 o 14 años, acompañaba a mis hermanos a algunas discotecas. Me acuerdo de que ya por entonces, te estoy hablando de finales los años setenta, me llamaba mucho la atención la figura del 'disc-jockey'. Sobre todo, porque entonces era muy difícil conseguir música de importación.
Un día, uno de los deejays me invitó a entrar en la cabina. Supongo que, a esas alturas, debía de estar harto de verme siempre por allí al lado (risas). Y si te digo la verdad, no tuve problemas en poner mis primeros discos. Y es que lo había visto hacer tantas veces, que me salió solo (risas).
- ¿Y cuándo empezaste a pinchar?
Pues a los 16 o 17 años. Fue en un bar de mi pueblo (Medina del Campo). Luego, ya fui pinchando en otros locales de Valladolid. En esos momentos, ya tenía claro que quería disfrutar seleccionando música para luego pincharla. Además, soy un poco tímido y, a veces, me cuesta socializar. En la cabina me encuentro cómodo, puesto que dispongo de mi privacidad. Y eso que, en aquellos años, muchas de ellas estaban en la barra del local (risas).
De 1979 a 1984 estuve estudiando en Madrid. Aquella época coincidió con el de la llamada 'Movida madrileña', así que imagínate (risas). Además, vivía muy cerquita de la Sala Rock-Ola, que era el epicentro de todo.
Más tarde, me marché a trabajar a una tienda de discos. Allí estuve poco tiempo, unos tres meses, ya que me fui con uno de mis compañeros a Pamplona para montar una distribuidora.

- Y luego viniste a Mallorca…
En 1985 vine a la isla para ayudar a mi hermano mayor que acababa de abrir un local en Gomila que se llamaba 'La Moncloa'. Dos años después, en 1987, regresé para quedarme en este paraíso.
A principios de los noventa empezó a llegar la música electrónica a Mallorca, si bien el 'boom' fue a mediados con el 'house' con deejays como Fernando Cerviño. En aquellos años, abrimos la sala 'Bellmon' en el complejo Bulevar Mediterráneo. Allí, empezaron a renacer mis raíces con la música disco, aunque mi columna vertebral, musicalmente hablando, ha sido siempre el 'jazz'.
Más allá del estilo, yo busco que los temas te cuenten algo. Es decir, que tengan alma. Aquellos fueron unos tiempos de aprendizaje continuo, puesto que todo, o casi todo, era nuevo. Recuerdo viajar mucho a Londres y Berlín para comprar música. A veces, no me bastaban los dos brazos con tantas bolsas (risas). El resto del tiempo, me lo pasaba en salas viendo pinchar a deejays más profesionales.
A finales de 1995, mi hermano y Fernando Cerviño abrieron 'La Boite' en el Paseo Marítimo. Sin duda, esa sala fue la semilla de lo que vino después. Allí he vivido las mejores noches de música electrónica en Mallorca de mi vida. Paralelamente, yo tenía un bar que se llamaba 'XL', que fue el paso previo a hacernos con 'El Garito' en julio de 1998. Casualidades de la vida, yo conocía al propietario, al padre, que un día me dijo que estaba harto y que a sus hijos no les interesaba seguir con el negocio. Enseguida cerramos el trato... sobre una servilleta de mi restaurante al que acudía cada viernes (risas).
- Continuando el legado de la familia Juan…
Efectivamente. Ellos abrieron el primer 'Garito' en los años 70, en la otra parte de la Dársena de Can Barbarà. Era un bar pequeño donde los hijos de los propietarios, de unos 19 o 20 años, se juntaban con el de Camilo José Cela, vecino de la Bonanova. De hecho, fue él quien le puso el nombre. "Ponedle garito, que es un local de mala muerte", les dijo el escritor a los chavales, quienes no paraban de pedirle un nombre para su local (risas).
Curiosamente, yo lo visité por primera vez en 1983 durante mi viaje de estudios a Mallorca. Recuerdo que sonaba "I wish were here" de Pink Floyd. Aquel momento me marcó tanto que quise rendirle tributo en el diseño de la publicidad del 10 aniversario.
- Imagino que los inicios no fueron fáciles…
Pues la verdad es que no lo fueron. Hay que tener en cuenta que fuimos pioneros en querer mezclar diferentes disciplinas artísticas y, eso, conlleva un riesgo. A finales de los noventa, la gente no estaba acostumbrada a conceptos que ahora están ya establecidos, como pueden ser las proyecciones de visuales o las exposiciones.
Siempre intenté cuidar al máximo nuestra identidad musical. Y eso, como bien sabes, no es fácil. Sobre todo cuando las cosas no van bien. Nunca me he dejado llevar por las tendencias y creo que eso fue clave para diferenciarnos al resto. Tal vez por eso no todo el mundo podía pinchar allí.
Con el paso del tiempo, y a base de mucho trabajo, el público empezó a valorar nuestra línea musical. Los jueves, por ejemplo, eran una pasada.
Recuerdo que tenía que viajar a sitios como Londres o Berlín para comprar la música que no encontraba por aquí. A veces, no me bastaban los dos brazos con tantas bolsas (risas). Y de paso aprovechaba para ir a las salas más molonas para ver pinchar a los deejays con los que me sentía más identificado.

- Cambiando de tema. Supongo que tendrás alguna anécdota para contar…
Te contaré una que me pasó con mi amigo Rainer Truby en Alemania. Fue después de pinchar por la tarde en una cata de vinos en un restaurante. Al acabar, nos fuimos a un club que nos había contratado. El resto de gente no quiso continuar la fiesta, así que nos marchamos solos.
Cuando llegamos, la sala estaba completamente vacía. Tan solo estaban los camareros. Nosotros nos pusimos a pinchar, con la esperanza de que la noche se animara. Sin embargo, las horas pasaban y allí no venía nadie.
En un momento dado, sobre las 03.00 horas, entraron de golpe unos cien chavales muy jóvenes. Supongo que debían de tener alguna promoción o algo, puesto que no estuvieron mucho tiempo.
De esta manera, Rainer y yo nos volvimos a quedar solos. Bueno, con los camareros (risas). Finalmente, llegó el momento de cerrar y, para nuestra sorpresa, nos pidieron que pincháramos una hora más. Yo ya, por entonces, no entendía nada (risas).
Finalmente, accedimos a su petición aunque la sala estuviera vacía. Luego, al acabar, nos tuvieron como dos horas esperando para pagarnos. Aquello era surrealista, puesto que ellos hablaban en alemán y yo no pillaba nada. Supongo que por eso la recuerdo como una noche interminable (risas).
- Por cierto, ¿Cuál ha sido la fiesta de tu vida?
Esa no es una pregunta fácil, así que te diré varias. Una por ejemplo fue en ‘Rootdown’, en la Selva Negra, en una de las fiestas de Rainer. Allí, podía mezclar diferentes estilos y viajar, con total libertad, durante horas frente a un público muy agradecido, que no paraba de bailar.
Otra muy buena fue en París con Alex Kidd en un barco en el río Senna. Fue uno de mis primeros bolos internacionales y guardó un gran recuerdo. También de mis primeras noches en 'The Room' en Madrid a principios de los 2000, donde había un muy buen sonido.
Tampoco no me puedo olvidar del 'Southport Weekender' en Inglaterra, sobre todo de la primera vez porque fue por casualidad. Y es que fui allí no como 'deejay', sino como 'music lover' para disfrutar del festival. Pero, caprichos del destino, Vakula, el artista que tenía que cerrar una de las áreas falló en el último momento. Así, los organizadores, que eran amigos míos, me propusieron sustituirlo. La verdad es que no me lo pensé y fue una pasada (risas). Luego, volví en otras dos ediciones.
- Hablando de regresos… ¿Volverás a producir?
Actualmente, no tengo tiempo si bien te reconozco que es algo que quiero retomar, aunque sea algo obsesivo. Tengo varias ideas, incluyendo alguna remezcla pendiente. Si te digo la verdad, mi ilusión es prejubilarme y dedicarme cien por cien a la música (risas).
Hace unos años tuve un proyecto con los hermanos Luis y Javier Garayalde, conocidos por sus pseudónimos de 'Wagon Cookin'' y 'Kyodai'. Se llamaba 'Bassfort' y estaba muy influenciado por el 'house' de los noventa. Producimos dos referencias para el sello 'Freerange' de Jimpster y otra para en 'Local Talk' de Mad Cats, además de varios remixes.
- Vamos acabando... ¿Cómo ves la escena local?
Por una parte, ahora se organizan eventos en la isla que antes eran inviables e impensables, con formatos para miles de personas. Pero por otra, echo de menos la escena de club. Yo disfruto de pinchar cuando tengo cerca a la gente, puesto que valoro mucho el lenguaje no verbal. Un simple gesto o una sonrisa, a veces es suficiente. El contacto visual con el público me parece fundamental a la hora de desarrollar una sesión.
- Por último... ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Lo primero que le diría es que, antes de ponerse a pinchar, escuchara mucha música. Y todos los estilos: desde el ‘jazz’ hasta el ‘rock’. De esta manera, conseguirá un buen bagaje y se quitará los complejos que, a menudo, condicionan. También que investigué las raíces y se empape de historia.
Por otra parte, que aprenda a mezclar sin efectos. Los odio. Tendrían que prohibirlos (risas). Honestamente, no me gustan las sesiones que todo el rato tengan "subidones". A mí lo que me mola es que me hagan viajar y que me cuenten una historia, sin importar el estilo.

FAST CHECK
- Un deejay: Laurent Garnier
- Un productor: Danilo Plessow
- Un tema: “Music is the answer” de Danny Tenaglia
- Un estilo que no sea electrónica: jazz
- Un club: Hacienda (Manchester)
- Un festival: We Out Here Festival
- Una comida: la española
- Una bebida: vino
- Una película: ‘Blade Runner’ (Ridley Scott, 1982)
- Una serie: ‘Breaking Bad’
- Un lugar para perderse: la montaña










