Si de una cosa no anda sobrado el Mallorca es de delanteros. Fernando Vázquez ha decidido prescindir de uno de ellos para viajar a Cádiz en el partido de la segunda jornada que representa el reencuentro de los locales con su afición en una categoría que perdieron hace seis años, si bien la travesía del desierto fue mucho más larga. El técnico gallego se ha llevado a un solo delantero puro, Lekic, cuyas características no se adaptan al juego de contraataque, así que, salvo sorpresa, los visitantes se presentarán en el Ramón de Carranza con un falso nueve, probablemente Oscar Díaz con Brandon a su espalda. El resultado final dependerá de otras circunstancias y, como de costumbre, si es bueno nadie discutirá las decisiones y, en caso contrario, lloverán chuzos de punta.
No es cuestión de abrir el campeonato con urgencias. La derrota contra el Reus escuece, pero es tan poco aconsejable lanzar las campanas al vuelo a las primeras de cambio como descender a los infiernos antes de que el diablo te franquee sus puertas. No es menos cierto que otra decepción con un recién ascendido enfrente induciría al nerviosismo y generaría dudas para los inminentes compromisos: la visita a Palma del Oviedo de Fernando Hierro y el matinal posterior en Vallecas.
Alvaro Cervera firmó el ascenso gaditano tras sustituir en el banquillo a su antiguo compañero en el Lluis Sitjar, Claudio Barragán. Ha caído agua desde aquellos buenos y viejos tiempos. Ambos jugaron la final de Copa que ganó el Atlético de Madrid en el escenario del Santiago Bernabéu hace cinco lustros. Aquella es otra historia. Dicen que el expresidente del Sevilla José María del Nido, actualmente en prisión, es uno de los accionistas del histórico club de la Tacita de Plata, junto a Enrique Pina, despedido del Granada por sus dueños italianos. Verdaderamente se marcan pocos goles fuera del terreno de juego, pero si se montan plantillas y gestionan esfuerzos y ambos concen perfectamente los entresijos de este negocio. Por ejemplo mientras los bermellones cuentan con apenas dos delanteros centros, en la tripulación del Submarino Amarillo hay tres: Ortuño, Güiza y Santamaría.
La cita, a las diez y media de la noche, no apta para menores ni somnolientos.





