OPINIÓN

Es diu maduixa, collons!

¡Tenía que apetecerle fresa! 

Si hubiera pedido un gelat de xocolata no habría pasado nada: la camarera argentina lo habría entendido inmediatamente y se habría limitado a preguntar el tamaño del cucurucho. Tampoco habría ocurrido nada si hubiera optado por el helado de stracciatella, que nadie sabe muy bien qué quiere decir. Pero cuando escuchó «maduixa» los ojos de la camarera hicieron chiribitas. ¿Medusa? Por supuesto la cliente hablaba perfectamente español: con una mínima cortesía le habría aclarado que maduixa es fresa, y el incidente habría quedado solucionado. Pero ¡ay! ella decidió ofenderse. Su marido, concejal de ERC, denunció en redes la grave persecución que sufre el catalán, fruto de la colonización a la que es sometido por los españoles y ahora, curiosamente, por los argentinos. Albano Dante Fachín, de origen argentino él mismo, enseguida salió a hacer la pelota a la masa enfurecida: sí, sí, el que viene aquí tiene que integrarse. Y Antonio Baños lanzó una fatwa.

Antonio Baños es un exconcejal de la CUP que se hizo famoso porque, durante la pandemia, se dejó abiertas dos pestañas del navegador que había visitado con anterioridad. Una de ellas decía «tremendas orgías» o algo parecido, y hasta aquí nada que objetar. Pero en la segunda se podía leer «japanese scat». Inmediatamente todo el mundo se lanzó a buscar en internet y descubrió, para su sorpresa, que es «una práctica sexual japonesa basada en la ingesta voluntaria de heces por parte de mujeres». En fin.

Pues eso, que Antonio Baños (quizás él si habría optado por el gelat de xocolata) lanzó un grito de guerra: «Este local es nuestro enemigo. ¡Hasta que se cierre!». Y la sugerencia fue seguida por un grupo indeterminado de energúmenos que se dedicaron a vandalizar la fachada de la Heladería Dellaostia (que tal es el prometedor nombre del local) y que pintaron en ella, en un admirable ejemplo de proyección psicológica, «Feixistes de merda».

Los nacionalistas son un poco como esos derviches giróvagos que dan vueltas sin cesar en torno a su ombligo. Viven en un círculo cerrado autorreferencial, y por eso lo que contemplan a su alrededor les parece normal, aunque no lo sea en absoluto. Pero cuando alguien de fuera penetra en el círculo suele quedar asombrado ante el desquiciamiento general. Eso ocurrió en 2023 con el grupo de europarlamentarios dirigidos por Yana Toom que acudieron a Cataluña para analizar el modelo de inmersión lingüística obligatoria, que se quedaron horrorizados. Ahora ha sido el turno de los argentinos de conocer de cerca el seny del nacionalismo catalán, y desde la propia Argentina se han dedicado a emitir opiniones, no muy favorables hacia Antonio Baños, el concejal de ERC, su mujer, y los energúmenos, que parece el título de una película de Peter Greenaway. Y hay que decir que los argentinos insultan con verdadera exuberancia, como sabrá todo aquel que haya asistido a un intercambio de opiniones entre seguidores de River y Boca.

Ah, y han visitado Menorca Irene Montero y Ione Belarra con nuestra podemita aborigen Lucía Muñoz Dalda que hacía de sherpa. Montero se ha hecho una foto muy bonita en una cala preciosa (¿Trebalúger?) y hasta aquí no habría nada que objetar si no fuera porque Montero considera el turismo como una especie de infección que «le cuesta la vida a las personas». El turismo son los otros, parece entender, y en esta coherencia coincide con todos los feroces antituristas, que despotrican contra el turista en Mallorca y luego se hacen una foto sosteniendo la torre de Pisa. Pero lo curioso es que Montero y Belarra han ido a Menorca… para asistir a un concierto de Fermín Muguruza. Por si no lo conocen, Muguruza, líder de Kortatu, es simpatizante de Bildu, amigo de Otegui, y en su momento fue en las listas europeas de Herri Batasuna; por eso, supongo, fueron a verlo Belarra y Montero. Yo, que ya estoy un poco viejo, pensé que ir a Menorca y acudir a un concierto de Fermín Muguruza es como ir a París y dedicarte a entrar en urinarios para leer grafitis. Y mientras pensaba esto me enteré de que Montero y Belarra también habían hecho exactamente eso: hacerse una foto en un urinario menorquín junto a un grafiti que decía «Menorca antifa: 1 nazi muerto, 1 nazi menos». Posiblemente si hubieran investigado un poco más habrían encontrado el clásico «al terminar la faena, tírese de la cadena», pero no hay ningún documento gráfico al respecto. Tampoco consta que Antonio Baños anduviera por ahí.

Fernando Navarro

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