Categorías: OPINIÓN

Escuelas de aborregamiento masivo

Las escuelas se han convertido en centros de lavado de cerebro donde básicamente se entretiene o estabula a las criaturas mientras, en lugar de conocimientos, se les enseña a obedecer las consignas del poder, y en particular una serie de ideas básicas: lo que se ha dado en llamar ‘consenso progre’. Esto es así ya desde hace años, pero hay que reconocer que, desde que descendió Su Sanchidad a dirigirnos hace tan solo cuatro años, el progreso (del ‘progreso’) ha sido espectacular en todas las áreas.

El último escándalo es el del 25% de español en Cataluña, que claro, les parece un exceso. Como una sentencia firme del TSJ les obligaba, pues ahora se han sacado de la manga un nuevo decreto ley que dice que no hay porcentaje que valga. ¿Será un nuevo delito de desobediencia y prevaricación? Lo parece, pero mientras tanto, los niños seguirán unos años más con la inmersión separatista total.

Otro clavo en el ataúd de la infancia española es el de la Ley Celáa. Amenazan a mi hijo, 1º de ESO, con una optativa de violencia de género —que igual resulta obligatoria, por falta de plazas en las asignaturas interesantes— y otra de cambio climático o no sé qué.

Ya saben de qué va esto del género: niños y niñas son iguales y hasta intercambiables. No importa que sea incoherente y contrario a la biología más básica y evidente. Si se repite lo bastante por una mayoría, cualquier falsedad puede acabar aceptándose, al más puro estilo orwelliano. Así que a confundir chavales, y en cuanto se pueda, a hormonar y mutilar al que se ponga a tiro.

Por supuesto, esto va junto con el fomento de la promiscuidad, que hay que disfrutar y explorar el cuerpo, propio y ajeno. Como ya se advierte algún efecto secundario, ahora dicen de prohibir la prostitución y la pornografía, que no está mal, pero que no sé yo. Si se fueran dando cuenta de que la Iglesia siempre ha tenido razón, acabaríamos antes: el sexo es algo maravilloso, pero cuando se basa en verdadero amor y por tanto está abierto a la vida.

Esta promiscuidad enlaza con el aborto, sin el cual no sería posible. Estos días circula un vídeo que pone de manifiesto cómo la juventud española valora más la vida de un perro que la de una niña no nacida (lo pongo en femenino, a ver si así). Esto, claro, es otro tipo de adoctrinamiento socialista: el que promueve la igualdad entre seres humanos y animales. Antiespecismo, lo llaman. Quienes lo profesan, efectivamente, parecen amebas.

Este amplio abanico ideológico se completa, obviamente, con el socialista-comunista de toda la vida: odio al mercado, a las empresas, al turismo, a los ricos… Y por el contrario, loas a lo público y a los impuestos. Si esto ya lo denunció Sociedad Civil Balear en 2019 tras el análisis de 35 libros de texto, imagínense lo que será ahora.

Todo esto se extiende, como es natural, a la tergiversación de la historia: Guerra Civil de buenos contra malos, por ejemplo, y así todo, hasta el borrado de la historia de España anterior a 1812. Pero afecta a todas las materias: matemáticas con perspectiva de género, fuera latín y filosofía. Ideologización, irresponsabilidad e ignorancia. El kit perfecto para obtener un borrego de manual.

El resultado es la destrucción de España. Por desaparición física de los españoles. Y de todo Occidente, porque la gran mayoría de lo dicho es aplicable, mutatis mutandi, al resto de países ‘desarrollados’. El resultado, es el que hemos visto a la salida de la final de la Champions en Saint Denis, París. Parece que alguno por fin ha despertado. Nunca es tarde. Pero hay que despertar del todo: esto se acaba, salvo que volvamos a formar familias estables con hijos.

De lo contrario, lo que nos dejan estos cuarenta años, “los más prósperos de la historia de España”, es un simulacro de democracia donde ni siquiera existe imperio de la ley, y donde los servicios públicos han sido tomados por un totalitarismo de rostro amable. Con dos diferencias respecto a lo anterior: una, que el país está mucho peor gestionado, con un Estado elefantiásico donde nadie piensa en el bien común. Otra, que aunque mandan más o menos los mismos, ahora disimulan más y fingen que los ‘electores’ pintamos algo. Me viene a la cabeza lo que contó el otro día Rosa Díez, en la presentación de su libro “Maquetos”: los que durante el franquismo denunciaban a su padre por socialista, tras la Transición dirigían el PNV. Esto está lleno de ‘listos’, pero en conjunto somos cada vez más tontos.

Gabriel Le Senne

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Gabriel Le Senne

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