TOMMY FERRAGUT.- Tengo que reconocer que hacer un estudio y análisis de los bares es difícil ya que en este país no me bastaría dedicar una vida entera para ver todos los tipos hay. Pero de los que suelo frecuentar, que diría que son los de la franja entre la tarde o caída de la noche, es de los que voy hacer unos apuntes de los míos.
Antes los llamábamos bares o coctelerias cuando era ya un lugar con cierto caché, pero hoy en día he oído de todo: café concierto, club, privet, gintoniquería… Lo que les digo, mucha tontería para llamar a una cosa tan nuestra y tan simple como un bar.
Los hay clásicos, modernos, vintage, cutres, impecables, efímeros, de moda, pasados de moda, misteriosos, indescriptibles… Pero lo que les hace realmente especiales son la gente que habita en ellos, los camareros que los atienden o los productos de sus propuestas.
Yo clasifico los bares por varias cosas. Primero por su relación calidad precio, ya que no puede ser que en Palma, que todo está cerca o próximo, haya este baile de precios tan abismal en relación a un mismo producto. Luego está el trato que recibes, yo pido una cosa cordial, normalita y no esos lugares que vas a tomarte algo y después de desgañitarte o que crees que te han dado la capa de invisibilidad de Harry Potter, con un gesto que parece que te perdonan la vida, te levantan la ceja y te dice “¿Qué quiere?”. ¿¿¿¿Perdón…..???? ¡¡¡Un poquito de por favor!!! Que si no vinieran los clientes tú no trabajarías. O en aquellos que el personal parece que lo han sacado de una tienda de Abercrombie, pero ni se te ocurra pedirle más de dos cosas diferentes que se les sobrecalienta la unidad de disco duro y puede causar un cortocircuito al espécimen, léase página 2 del manual antes de pedir una copa.
Después están aquellos que son los bares de moda y/o postureo, aquellos que parece que si no has ido tendrás que ir a confesarte del pecado que has cometido. Postureo dígase el sitio donde sus habitantes más que ir a tomar algo o divertirse están más pendientes si llevan el pelo bien atusado, que la pose es la de interesante, que si la pestaña está rizada y bien arriba… ¡vamos a ver! Relax, que te estás tomando algo y no en un posado para el Vogue.
Luego está el momento baño o toilette. Lo comparo a una persona que se viste muy bien o eso cree y de repente le miras los pies y la acaba de pifiar con los zapatos, pues con los bares igual. El bar super cool en decoración, tal detalle y tal otro, pero luego vas al baño y dices “Zas te pillé” . Le acabas de pillar con el baño, ese lugar llamado baño que es digno de hacer un análisis de los míos un día de estos.
¿Y qué me diréis de los olores de los bares? Ahora que no se fuma dentro de ellos se distinguen más los olores descubriendo nuevos estímulos a tu sentido olfativo. Olores a diferentes perfumes, más dulces o más frescos, a gusto del consumidor. Gente que se ha bañado en colonia y gente que se simplemente se debería de bañar. Luego esos artilugios dispuestos en forma de tal manera que te atacan con un “flitado” con un olor de ambientador horrible que te produce un terrible dolor de cabeza y que están estratégicamente posicionados en los baños o en las zonas libres del bar y que ahora entiendes porque están libre.
O cuando entra un cliente todo arreglado y en un gesto a lo anuncio de Pantene ProV , te das cuenta que ha pasado de pelo a 'pestazo' en un 'santiamen' porque previamente ha ido a cenar a la freiduría de su barrio y se ha olvidado de rociarse con Febreze. O aquellos que han ido a comer caracoles o a Can Torrat y han acabado con todas las existencias del “all i oli” del restaurante y que se pasan la noche con unos efluvios de aliento en el bar producidos por el gas de los refrescos y que les aconsejo un poco de colutorio en la guantera del coche.
Pero a pesar de todo, nos gusta ir de bares. Somos un país “Barero” y ya que dice el dicho que cada uno tiene un lugar en el mundo, pues yo le añado la coletilla… y unos cuantos bares a los que ir.








