El espectáculo debe continuar y lo demás, cualquier discurso puede ser demagogo. Tal vez no puedan solaparse discursos, ni plantearse dicotomías como el mundial y las favelas, las primas para los jugadores de la Roja y el hambre infantil en España, ir sólo a la coronación o también hacer un gesto hacia el diálogo, olvidar el deporte en general plagado de triunfos o adorar sólo a los millonarios.
Nuestro país se sustenta sobre estos pilares. Éstos y otros muchos, aún incluso más obtusos y lamentables.
Da un poco de vergüenza ver cómo se lamenta un país por perder un partido de fútbol y cómo se criminaliza a los que piden ayuda para tener un techo digno.
Por qué tienen hambre los niños en España y no se pone a trabajar en ello un gobierno, un presidente, que vestirá de rojo en Brasil. Mientras calla una hipócrita iglesia católica.
Es sólo una muestra de por qué no podemos cerrar los ojos. No podemos dejar de lado la jodida realidad.
Por supuesto hay que disfrutar y aprovechar los buenos momentos. Esos ratos también los da el fútbol y lo que ello le supone al aficionado. Claro que sí, a por ellos !
Nuestro país no sólo es la Roja, ni los deportistas de élite agasajados sin complejos, por los presidentes varios. Ellos son un grupo pequeño de afortunados. El resto, la inmensa mayoría somos los que tiramos del carro. Hay que hacerlo con los sentidos alerta y a menudo con dientes apretados, a la mayoría ni las horas extras pagan.
Hasta el tema de los ídolos debe replantearse en estos tiempos. Valores, principios, objetivos... todo anda revuelto. La ilusión, la utopía y los sueños siguen siendo importantes, válidos. Pero la base de todo es la lucha, la constancia y el trabajo. La posibilidad de conseguir un futuro digno es nuestro objetivo.
Aunque tengo esperanza, porque parece que estamos aprendiendo a no callarnos siempre.
Estamos.





