Hallan en Mallorca el fósil de un cangrejo de más de 35 millones de años. El hallazgo, publicado recientemente en el Bolletí de la Societat d'Història Natural de les Balears, representa además el primer registro de un crustáceo de esta antigüedad en Baleares. Un dato que convierte a Randa, sin previo aviso, en un punto de referencia para la paleontología balear.
El estudio ha sido firmado por los investigadores Àlex Ossó, Josep Juárez-Ruiz y Rafel Matamales-Andreu, estos dos últimos vinculados al MUCBO. Los fósiles pertenecen a Palaeocarpilius cf. macrochelus, una especie extinta que en su día habitó aguas tropicales poco profundas, en un mundo que ya no existe.
Cuesta imaginarlo mientras se camina hoy por Randa, pero hace 35 millones de años el paisaje era radicalmente distinto. Las Baleares, tal y como las conocemos, todavía no habían nacido, y parte de este territorio permanecía sumergido bajo aguas cálidas, integradas en un vasto océano tropical que fue el precursor del Mediterráneo actual.
En aquel escenario prosperaban corales, moluscos, erizos de mar y numerosas especies de crustáceos. El cangrejo ahora identificado formaba parte de aquella fauna desaparecida: un animal robusto, de caparazón ancho y redondeado, armado con unas grandes pinzas asimétricas —una notablemente más grande que la otra— que probablemente utilizaba para manipular y triturar su alimento.
Otros miembros de este grupo de cangrejos ya habían aparecido antes en Cataluña, Aragón y el sureste de la Península Ibérica. Pero el género Palaeocarpilius jamás había sido documentado en esta región, hasta ahora.
El hallazgo refuerza además la idea de que, hace millones de años, Mallorca compartía una fauna marina muy similar a la que hoy puede encontrarse en las costas del norte de Italia. Una conexión que permite a los científicos reconstruir los movimientos y las relaciones entre los antiguos ecosistemas marinos del desaparecido mar de Tetis.
El estudio pone también el foco en la importancia de las colecciones que custodia el Museo Balear de Ciencias Naturales, así como en el trabajo científico que allí se desarrolla día a día. El ejemplar principal analizado llegó al museo gracias a la donación de Joan Capellà Galmés, una aportación que demuestra el papel que puede jugar la colaboración ciudadana en la preservación del patrimonio natural de las islas.
Los propios investigadores subrayan que este hallazgo es, probablemente, solo una pequeña parte de todo lo que aún queda por descubrir. "Cada nuevo hallazgo nos ayuda a comprender mejor cómo eran las Baleares antes de que existieran las islas actuales y qué organismos vivían en ellas", explican los responsables del estudio, que insisten en que todavía queda mucho por descubrir en los yacimientos de la isla.
Bajo la tierra de Mallorca, apuntan, siguen escondidas historias enteras de ecosistemas que existieron mucho antes de que emergieran las islas que hoy habitamos.
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