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“Intervine activamente en la Transición para que fuera posible el cambio y estoy muy orgulloso de ello”

“Intervine activamente en la Transición para que fuera posible el cambio y estoy muy orgulloso de ello”
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Camino de los 70 años, Joan Buades repasa su trayectoria profesional de más de cuatro décadas como abogado, desde sus inicios y hasta la fecha, coincidiendo con los 25 años de la puesta en marcha de Bufete Buades, hoy convertido en Buades Legal, despacho en el que trabajan hasta 30 profesionales. Más allá de su trabajo, a Joan Buades le gusta compartir tiempo con la familia, el campo, caminar, la lectura, el cine y el fútbol, “deporte del que se pueden aprender muchas cosas para la vida”, afirma.

¿Cómo, cuándo y por qué decide Joan Buades dedicarse a la abogacía?

Al acabar la carrera de Derecho, en 1975, con apenas 21 años, tenía que tomar una decisión y trabajar en algo, claro está. Por el momento que vivía el país en aquel entonces, descarté preparar oposiciones. Quería participar de aquel momento (complejo, pero apasionante) que se estaba viviendo. Así las cosas, aposté por la abogacía y tuve la enorme suerte de hacerlo con magníficos profesionales y compañeros. Empecé trabajando en Madrid, en el despacho de Gregorio Pérez Barba y José María Mohedano (trabajaban con él varios abogados que luego fueron ministros con el PSOE, personas importantes en la política española) y luego estuve trabajando en Barcelona, ligado al PSUC y a Comisiones Obreras, a través de un despacho independiente. Puedo decir que viví plenamente la época de la Transición, tanto en Madrid como en Barcelona.

A propósito de la Transición, ¿cómo la valora ahora, en 2022? ¿Qué opina de los comentarios y las corrientes de opinión que la cuestionan?

Viví la denominada Marcha Verde, la muerte de Franco, los atentados de Atocha... Cuando ahora leo acerca de los 40 años que se cumplen del ascenso al poder de Felipe González, me digo: ‘Todo esto yo lo viví muy activamente’. Y constato también que los años pasan para todos, no solo para uno. ¿Los comentarios críticos respecto de la Transición? Apelo a una frase muy gráfica: ‘A toro pasado, todos son capotes’. En aquel momento, era la única opción posible, no había ninguna otra. Quien diga lo contrario es que no lo ha vivido. ¿Qué podía haberse hecho de otra manera? Si la coyuntura hubiera sido diferente..., pero era la que era. Con la coyuntura existente entonces, excepto los toreros de salón, nadie puede decir que la Transición se pudo hacer de una manera diferente. Se hizo muy bien, y podemos estar muy orgullosos los que la hicimos. Pienso que los mejores valores de la condición humana se pusieron sobre la mesa, sobre todo en los que consiguieron el poder, que fueron personas muy generosas. En definitiva, fue un cambio muy rápido, sin ningún tipo de violencia ni daños graves en ningún aspecto (ni económico ni humano...). La Transición española es un ejemplo de saber hacer. No estoy anclado en ella, pero soy un gran defensor de cómo se hizo.

"La Transición española es un ejemplo de saber hacer. No estoy anclado en ella, pero soy un gran defensor de cómo se hizo"

Habla usted en primera persona...

Me considero un actor modesto y en mi papel en ese momento de España, un actor que sumó para que la Transición fuera posible, para que el cambio se pudiera llevar a efecto. Y por todo (por exigencias, por mi manera de ser, por mi trabajo...) no permitiría que nadie cuestione que fui un actor de la Transición. No fui (obvio) ni Suárez, ni González ni el Rey, pero desde mi posición propicié el cambio, intervine activamente para que fuera posible. Y estoy muy orgulloso de ello.

¿Desde el primer momento tuvo una vocación clara de abogado?

En el sentido estricto del término ‘vocación’, inicialmente no la tuve como la podían tener otros compañeros, pero lo cierto es que me costó poco adquirirla, aun sabiendo que un abogado, normalmente, sigue pensando en su trabajo tras salir del despacho; la nuestra es de esas profesiones en que estás trabajando todo el día, las 24 horas, de un modo u otro. En términos de vocación, debo decir que la vocación más íntima mía hubiera sido ser juez. Tengo un gran respeto por la judicatura, porque entiendo que es un trabajo muy complejo, muy difícil, y los jueces son unos grandes vocacionales. Pero en el momento que tuve la opción de opositar a judicatura, pensé que eran tres o cuatro años de encierro monacal, y yo no quise renunciar a vivir la realidad por la que atravesaba el país. En cualquier caso, la profesión de juez me parece de las más meritorias: el juez se ve obligado a renunciar a muchas cosas, no es un trabajo bien pagado y, por circunstancias varias, a menudo se pone a la judicatura y a los jueces a los pies de los caballos, lo cual me parece fatal. Sigo teniendo un enorme respeto al concepto de juez y de Justicia. Yo soy de los que creen en la Justicia, al cien por cien, y tengo una gran confianza en el sistema judicial.

"Sigo teniendo un enorme respeto al concepto de juez y de Justicia. Yo soy de los que creen en la Justicia, al cien por cien, y tengo una gran confianza en el sistema judicial"

Sin embargo, se suelen oír o leer comentarios sobre el hecho de que la ‘Justicia no es justa’ o que la ‘Justicia es muy lenta’...

Vamos a ver. Respecto a la lentitud de la justicia española, no es exactamente así. Es lenta, pero ni más ni menos que en otros países. Estamos viendo ahora que en Francia se acaba de juzgar el caso del atentado yihadista a la sala Bataclan, en París. En otros países, también estamos viendo juicios en otros países de asuntos acontecidos hace mucho tiempo. La Justicia no suele ser una acción (no me gusta hablar aquí de actividad) que permita reacciones muy inmediatas, tiene sus tiempos. Por otra parte, no nos engañemos: la Justicia exige medios, y los medios no los ponen los jueces o el Poder Judicial, sino el Parlamento, el Ejecutivo... El problema es que la Justicia da pocos votos; la salud y la educación, por hablar de otros ámbitos, tienen un impacto más inmediato y directo en la ciudadanía. Y pongo un ejemplo muy claro: mi madre nunca -que yo recuerde- ha tenido un contacto directo con la Justicia; sin embargo, sí lo ha tenido con la educación (fue a colegio y sus hijos estudiamos todos) y con la salud (ha tenido que ir al médico a lo largo de su vida).

Jueces, periodistas, abogados... Diría que no son las profesiones más valoradas a día de hoy.

Lo de buena o mala fama de los abogados es algo relativo. El abogado no deja de ser el portavoz (o la exteriorización) de unos intereses que se debaten normalmente ante un órgano judicial. Los casos que tienen impacto mediático suelen darse porque llegan a los tribunales. ¿Qué ocurre? El abogado, está defendiendo unos intereses de cualquier índole (económicos, humanos...). Por consiguiente, no es tanto la visión que tienen de abogado como la percepción de la causa que está defendiendo. El abogado puede defender el caso con empatía, rigor, respeto y educación o, por el contrario, lo puede defender de una manera desabrida, abrupta o poco empática. Creo que una causa bien defendida, bien planteada y bien expuesta, no tiene por qué hacer que la opinión pública vea al abogado como portavoz de esa causa en cuestión, sino sencillamente sabe (y debe) diferenciar al abogado de la causa que está defendiendo. Si no fuera así, estaríamos negando la defensa a según quién. Y todo el mundo tiene el derecho de poder defenderse. ¿En su momento podría yo haber defendido a un tipo de ETA? Poder, hubiera podido, pero no sé si hubiera sido el abogado más adecuado porque me hubiera costado sintonizar con la defensa. Si lo hubiera hecho, habría sido para ganar, claro está. En ese aspecto, hay una frase de Dostoievski: ‘El abogado es una conciencia que se alquila’, que da para mucho, una frase muy dura leída literalmente, pero muy buena. El abogado es una profesional que traslada los pensamientos de su cliente a terceros; los envuelve de argumentarios jurídicos (cabe no olvidar que nosotros somos técnicos de Derecho, no de la Justicia) y los defiende ante el órgano judicial correspondiente. En alguna ocasión, en un caso mercantil, yo me he dirigido al juez y le he dicho: ‘Yo lo veo así y así... Ahora mi compañero dirá esto y esto otro, y todo lo que dirá serán argumentos a tener en cuenta, pero al final usted tendrá que decidir en función de dos temas, de dos argumentarios’. Quiero decir que todo, técnicamente, puede tener sujeción, si uno trabaja con implicación y profesionalidad en el desempeño de sus funciones.

"Uno de los problemas de la Justicia es que da pocos votos; la salud y la educación, por hablar de otros ámbitos, tienen un impacto más inmediato y directo en la ciudadanía"

¿Cuál la especialidad del Derecho que más le ha gustado desarrollar? Por otra parte, ¿prima en usted el abogado pragmático o el idealista?

Diría en primer término que cualquier abogado se siente tentado por el Derecho Penal, porque es primario; en el mundo de la Justicia quizá sea el más básico. Yo lo desempeñé durante bastantes años, pero por circunstancias del trabajo, me fui decantando hacia el mundo vinculado a las empresas, y especialmente con el sector turístico. Eso no es óbice para que me siga interesando todo lo que tiene que ver con los derechos fundamentales: la libertad de expresión, la libertad de opinión... ¿Pragmático o idealista? Por una parte, debo ser una persona pragmática: en este despacho trabajan unas 30 personas y tengo que actuar de esa forma (tengo un equipo que me obliga a ello), pero en absoluto lo veo incompatible con el hecho de mantener un ideal, sobre todo en el mundo del derecho, la justicia, la equidad, etc. Digamos que intento mantener un equilibrio. En síntesis, me alimenta muchísimo todo lo que tiene que ver con la justicia y el derecho en estado puro, pero hago mi trabajo con la mayor practicidad posible.

Bufetes Buades cumple este año 25 años, y lo hace con cambio de nombre. ¿Por qué?

Después de trabajar en Madrid y Barcelona, como he explicado, regresé a Palma en 1979, durante bastantes años trabajé junto a un compañero, y en 1997 decidimos que cada uno seguiría su camino. Entonces, emprendí un proyecto que lideré: Bufete Buades, con la apertura de despacho en Jaume III de Palma. Y, en efecto, al cumplirse los 25 años me pareció que debía activar un proceso de transición, nunca fácil, de un despacho personalizado a una firma jurídica que pudiera afrontar los retos actuales para asegurar su continuidad en el tiempo. Esa es mi principal apuesta, hoy en día. ¿Qué hemos hecho? Integrar a algunos abogados como socios de la Firma (muchos de nuestros profesionales llevan con nosotros desde el inicio); en segundo término, incorporar a algunos de ellos en los órganos de dirección, formando una dirección colegiada. Y finalmente también hemos decidido adaptar el nombre a la realidad de los tiempos. Y hemos pasado de Bufete Buades a Buades Legal. A mí la palabra ‘bufete’ me sigue gustando, pero es un término que ya implica que nos referimos a abogados, porque no existen bufetes de dentistas, por ejemplo. Además, es una palabra que varía en catalán y castellano, y de difícil pronunciación para los extranjeros. En ese marco, en el proceso de rebranding, y sin perder nuestra esencia, hemos cambiado el logotipo y también el nombre, que pasa a ser Buades Legal. A nosotros en la calle nos conocen como ’Buades’, y dijimos de incorporar lo que hacemos, nuestra actividad: trabajamos con temas legales. Legal es una palabra que se escribe de la misma forma en casi todos los idiomas, lo cual es también una ventaja añadida. De ahí el nombre Buades Legal, en vigor desde el 10 de junio.

"La opinión pública sabe (y debe) diferenciar la función del abogado de la causa en la que está"

Dice usted (como abogado que fue del Real Mallorca y portavoz del club) que del fútbol se pueden aprender varias cosas...

Así es. Siempre me ha gustado el fútbol. Pienso, efectivamente, que enseña muchas cosas: a asignar cometidos y funciones, captar y aportar talento, prestar apoyo. Dirigir un equipo de abogados, como es mi caso, no es tan distinto.

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