El presidente Bauzá ha reconocido que fue un error no acudir, él o alguien representativo de su Govern, al acto de ingreso de la escritora mallorquina Carme Riera en la Real Academia de la Lengua. Es de políticos inteligentes rectificar. Y Bauzá lo ha sido en esta ocasión. Es cierto que tenía una agenda apretada coincidiendo con este acto en Madrid. Pero un presidente ha de saber sacar el tiempo de debajo de las piedras ante un compromiso ineludible. Y en todo caso, su consellera de Educación y Cultura estaba del todo disponible para ir a Madrid. No fue así. Es una auténtica lástima. En el Parlament, el portavoz de Més Biel Barceló fue muy duro con Bauzá por este motivo. Sin embargo, las disculpas del presidente arreglan el descosido. Pero esta autocrítica ha de tener continuidad. Sería aconsejable que el presidente invitase a la escritora al Consolat para un encuentro de cortesía. Rompería muchos hielos y ofrecería a Bauzá una imagen de hombre abierto y dialogante, muy necesario para él cuando poco a poco se van acercando los tiempos preelectorales. Durante los dos últimos años Bauzá se ha ganado fama de hombre duro y que jamás se desvía de su línea de actuación, esté o no esté equivocado y tenga en frente los opositores que tenga. No es ésta la mejor manera de encarar un proceso preelectoral en el que se juega la mayoría absoluta. Un encuentro cordial con Carme Riera taparía bocas. Como también las taparía buscar el entendimiento con los sectores sociales y profesionales que más han protestado esta legislatura. Bauzá ha de abrir y ensanchar su estilo de hacer política. A buen seguro que el primero que se lo agradecería sería su propio partido.





