En otros tiempos y en otras circunstáncias resultaría impensable que personajes populares como Chenoa (entre otros), radicalmente alejados de la política partidista, decidiesen entrar en el debate sobre el polémico decreto del Tratamiento Integral de Lenguas. No es el caso. Chenoa expresa en mallorcadiario.com su simpatía con las camisetas verdes y muestra su orgullo porque en su casa xerram mallorquí. Esta es la más clara muestra que el debate del TIL ha impregnado todos los ámbitos de la colectividad y se ha convertido en un debate social de primer orden. Se ha equivocado de medio a medio quien pensaba que este conflicto se circunscribiría a una decisión del Consolat de la Mar que sólo afectaría a profesores, maestros y, por extensión, a los alumnos. No ha sido así. La cuestión lingüística es un asunto de primer orden en toda sociedad y más en las difíciles circunstancias que atraviesa en la actualidad la comunidad balear. La crisis golpea con dureza infinidad de hogares, que tienen que asumir sacrificios que se habrían considerado impensables hace sólo un lustro. En este contexto, es lógica la reacción de quienes se indignan cuando se producen ofensivas contra su personalidad diferenciada. Es natural que muchos padres se molesten al ver como los docentes de sus hijos se sienten humillados y maltratados. Todas las sociedades en crisis articulan mecanismos de autodefensa. Es en este contexto en que se ha producido la reacción antiTIL. Y es en este ambiente enrarecido y crispado que personajes populares como Chenoa saben que no pueden escurrir el bulto y ponerse junto a la gente (su público) que sufre por la falta de perspectivas económicas y, encima, porque siente como le quieren arrinconar, recortar y jivarizar, sin que haga ninguna falta, los valores propios más queridos e irrenunciables: su cultura y su idioma ocho veces secular en este Archipiélago. Desde la perspectiva del sentido, común no hay quien lo entienda. Por eso hay tanto malestar.





