La reforma pendiente

La Segunda B fue un mal invento que Angel Villar se ha comprometido a reformar si cuenta con una petición expresa de los clubs. Una trampa porque es bien consciente de que, pese a su ruina económica y nula aportación deportiva, se siguen concitando demasiados intereses.
120 árbitros a cargo de los clubs y partido a partido. 80 dietas a la semana para la organización arbitral con desplazamientos no infrecuentes desde las Islas Canarias a la Península e incluso a Baleares. Cementerio de elefantes para no pocos jugadores que van de retiro, superada la treintena. El Mallorca, claro ejemplo, ha incorporado a cinco de ellos. Los gastos de plantilla e instalaciones no se compensan con ingresos por abonos y mucho menos por taquillas, lo que ya ha abierto los ojos de algún avispado. ¿Tebas?, al promover la plataforma Proliga desde la que proveer servicios de televisión: un partido en directo cada semana y el resto en diferido.
La asamblea federativa del próximo dia 20 determinará la composición de los cuatro grupos y puede haber protestas porque a alguno le tocará recorrer bastantes kilómetros. Pero claro, casi veinte competidores residen en capitales de provincia importantes –Santander, Murcia, Burgos, Huelva, Alicante, Cáceres y Palma, entre otras- sin contar ciudades de calado y tradición como Mérida, Cartagena, Santiago y otras muchas, que mientras puedan se resistirán a ser consideradas de tercera división en términos futbolísticos. Y sus directivos, menos.
De ahi que nadie quiera ponerle a ese gato el cascabel de la cordura y el collar de la sensatez, porque la cruda realidad es que el nivel de calidad es ínfimo, no hablemos ya en terrenos de juego con césped artificial, y el de Tercera es de verdadera Regional.
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