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Lazos amarillos en los balcones de las instituciones

sábado 30 de marzo de 2019, 00:00h

La Junta Electoral Provincial de Baleares ha tenido que dedicar tiempo y reuniones para zanjar la polémica suscitada en torno a los lazos amarillos y otros colgantes que Més había colocado en balcones del Ayuntamiento de Palma y del Parlament. Tras las pertinentes denuncias de formaciones como Vox o el PP, la Junta ha ordenado la retirada de estos símbolos en edificios públicos y las instituciones han tenido que proceder a cumplir el mandato.

El episodio, que se ha prolongado durante unos días, ha contado con algún momento ciertamente absurdo, alejado de lo que se espera que deberían ser las preocupaciones principales de quienes representan los intereses de los ciudadanos. En un principio fueron lazos amarillos, sustituidos luego por banderas LGTBI o símbolos tan extemporáneos como la bandera con la imagen de la película "Sinsajo", una de las entregas de la saga "Los juegos del hambre". Suena a chiste que los representantes públicos dediquen su tiempo -y el de la Junta Electoral- a este tipo de acciones por el mero hecho de llamar la atención y ser jaleados por sus incondicionales.

No hace muchos días se vivió la misma escena en los balcones de la Generalitat, durante el particular pulso que Quim Torra echó a la Junta Electoral de Cataluña. Como si se tratase de un reflejo automático, los soberanistas baleares también han querido librar su personal enfrentamiento con la Junta Electoral con los mismos argumentos que Torra, para quien se trataba de un caso de libertad de expresión. No lo han entendido así los miembros de las juntas electorales, como por otra parte, ya debían conocer quienes han querido utilizar el momento para convertirse en protagonistas de algo que no era más que una provocación.

El periodo electoral no permite este tipo de actuaciones. Son las reglas del juego comúnmente aceptadas, por lo que lo más sensato es que, principalmente aquellos que tiene la responsabilidad pública del cargo, cumplan con lo que establecen las leyes. Y si no les convencen las leyes, que propongan su modificación. Pero, mientras tanto, que no protagonicen espectáculos como el vivido estos días, tan alejados de las preocupaciones generales de los ciudadanos.


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