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Los Santos Inocentes

Hoy celebro mi fiesta particular. Soy, me considero, un inocente. Después de tantos años, aún no he aprendido que todo el mundo miente. Que todo el mundo lo que quiere es manejarte, mandarte, obligarte a que seas un esclavo de sus intereses. La libertad no existe, cuando intentas ser tú mismo frente a un poder, el que sea, que ha decidido como debes de ser tú. Por eso, hoy, celebro mi día de Santo Inocente.

Qué infantil he sido al creerme que los mitos son realidad. Desde los Reyes Magos, pasando por el Papá Noël, y que año nuevo, vida nueva.

Qué pardillo he sido al creerme que hay gente buena y gente mala. La buena no la veo. A la mala, me la encuentro en cada esquina y en cada conservación.

Qué incauto he sido al creerme que los amigos que encuentras en una organización, como es un partido político, un sindicato o una ONG, son buena gente. Y cuando te despistas te han clavado en la espalda todas las cuchilladas que han podido.

Qué ingenuo fui al creerme que lo peor del ser humano es la avaricia. No, lo peor es la envidia. La gente mata por envidia.

Qué virgen he sido al creerme que el amor dura para siempre. La verdad es que dura lo que dura el dinero, la fama, el poder y lo que dura, dura.

Qué pueril he sido al intentar cambiar este mundo de mierda, falso y satánico, que lo único que busca es anular a los que no son como ellos.  Es decir, blancos, rubios, ojos azules, y altos y delgados. Los demás no son nada ni nadie.

Qué simplón soy que aún me creo que el Gobierno pretende mejorar mi vida. Cuando lo que hacer es joderme la vida, las ilusiones y el futuro, solo para seguir mandando ellos.

Qué santo debo ser al creerme lo que dice Pedro Sánchez sobre la economía de los ciudadanos, cuando yo ya llevo 25 años trabajando para dar de comer y ayudar con bienes de necesidad a más de 40.000 personas en Baleares.

Qué estúpido soy al creerme que me suben las ayudas a los que nada tienen, las pensiones y los servicios sociales y la verdad es que cada vez son más las personas que duermen en la calle.  Y todos pagamos más impuestos que nunca.

Qué bobo soy cuando me hacen creeré que todo es culpa del PP y de VOX, y de todo aquel partido que no les apoya en su Gobierno. Ellos, los socialistas, comunistas, antisistemas, separatistas y terroristas, por supuesto, no son los culpables de nada.

Qué inocente soy al pensar en los casos de corrupción de los políticos que nos han robado el dinero de todos para gastárselo en prostitutas, drogas y fiesta. Lo mismo que hicieron los del PP, los de Convergència i Uniò, los de Junts, los del PNV y ahora los del PSOE, y los de Pedro Sánchez.

Qué inculto soy al creerme que este gobierno pretende consolidar la democracia y la libertad. Cuándo lo que hace es romper la democracia, el Estado de derecho, la separación de poderes y la libertad individual.

Los Santos Inocentes son siempre niños. Como ese niño que nació esta semana en un pueblo perdido, casi sin lecho para dormir, ni agua corriente, ni electricidad, ni calefacción. Son siempre migrantes. No son blancos, ni de ojos azules. Ahora digan feliz Navidad y miren para otro lado.

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