Los medios de comunicación trabajan con sistemas informáticos en red, a los que habitualmente tienen acceso sólo los integrantes de la redacción. Estos programas permiten organizar el trabajo desde la concepción de una noticia hasta su presentación final. Todo se procesa con este sistema centralizado, de increíble efectividad. El Consejo de Administración de RTVE, en un acto sin precedentes, pretendía tener acceso a este material en tiempo real, antes de que se concluya su preparación y, por supuesto, antes de su emisión. Es como si el ministro de Sanidad quisiera poder ver en directo las pantallas de los scanners que se hacen a los pacientes o si el de Fomento quisiera tener en su mesa todos los radares de aviación. Pero, así como a nadie le importa lo segundo, el trabajo de los periodistas es políticamente muy sensible. Y allí aparece el consenso de todos los partidos políticos; el PP con su voto afirmativo, pero los demás, más sutiles, con su abstención. Me sumo sin ningún matiz a todos los que, con mucha más cualificación que yo, han afirmado que esta es otra tropelía que simplemente demuestra que nuestra clase política es mediocre, no ha entendido por dónde van los tiempos y sólo piensa en ella misma. Pero no quería dejar de acusar con especial dureza al representante sindical que, por supuesto, con su abstención también apoyaba la intervención de los partidos políticos en el trabajo de los empleados del ente público español. No falla, allí donde hay un trabajador enfrentado al poder, allí están los sindicatos, atentos a dónde está el dinero, a dónde está el provecho. Allí están para olvidarse de lo que han pregonado toda su vida, para dejar en la estacada los principios más elementales, para olvidarse de los trabajadores que, al fin y al cabo, no tienen presupuesto.





