Mallorcadiario.com

Maneras de discutir

Todos hemos discutido alguna vez. Y, seguramente, lo hemos hecho de distintas maneras. Me refiero aquí a discutir según la segunda acepción de la RAE: «Contender y alegar razones contra el parecer de alguien». Es algo que, para mucha gente, sucede casi a diario. Con la edad comienzas a intuir que las personas que menos discuten son más sabias. No se trata de que las personas que evitan los conflictos no tengan argumentos para entablarlos, sino que consiguen sortear las polémicas con una mezcla de inteligencia y pragmatismo. En castellano castizo se traduce así: «pa´ ti la perra gorda». Por desgracia, esto no siempre es posible. En ocasiones, no queda más remedio que discutir. Al menos una vez.

Llegados a este punto, para mi existen dos grandes grupos de discutidores. En primer lugar, están los que exhiben argumentos con un objetivo determinado dentro del campo de esa polémica. Se intenta, por ejemplo, convencer al adversario (algo a menudo imposible), o rebatir sus premisas, o, como mínimo, moverlo a la reflexión. Y luego están las personas cuyo primer objetivo, y a veces único, es que se note que están discutiendo. Es decir, no se trata de tanto de exhibir razones, sino de confrontar. La posición se fija porque se está en contra del otro. Eso es lo importante. Y punto.

Esta división es verificable en nuestras relaciones con los amigos, con la pareja, con los hijos o con los compañeros de trabajo. Hagan un repaso y verán cómo tardan poco en situar en uno u otro grupo a sus familiares y conocidos. En los medios de comunicación, es fácil comprobar esa tipología del polemista. Y qué les voy a contar de la política. En esta última, el representante público que expone sus ideas buscando un espacio común lo más amplio posible (algo que sólo puede encontrarse en torno ala centralidad), es un ejemplar en vías de extinción. Lo que abunda es lo segundo: que se note que estoy en contra.

Sin embargo, existe un ámbito dentro de lo público en el que esto no sucede. O, al menos, sucede con menos intensidad. Se trata de las relaciones internacionales. La diplomacia es un mundo que, en general, se rige por un lenguaje y unos códigos distintos al de las controversias internas. Podría citar muchos ejemplos, pero fíjense que cuando se produce un conflicto importante entre dos países, «se llama a consultas al embajador». El mundo de la sutileza frente al del exabrupto tuitero. Porque se entiende que la diplomacia existe para solucionar los conflictos, no para agravarlos. No es que no haya valor para llamar a las cosas por su nombre, sino que se opta por una actitud que deja puertas laterales para salir del túnel de la disputa.

Este jueves el Reino Unido convocó una reunión telemática con más de cuarenta países para debatir sobre el futuro de Ormuz, buscando «herramientas diplomáticas, económicas y de presión» para reabrir el estrecho. Cuarenta países, cuarenta. Estaban las naciones más influyentes y poderosas de la Unión Europea, los países escandinavos las repúblicas bálticas. Y también Japón, Canadá, India, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Australia, Emiratos Árabes, Baréin, Panamá. Un club de ricos, pensarán ustedes. No, esperen. También estaban Trinidad y Tobago, Kosovo, Nigeria, Albania, Chile, Macedonia y las Islas Marshall. España, que es la quinta economía de Europa y miembro del G20 mundial, no estaba invitada. Y eso que Estados Unidos rechazó participar porque se desentiende del problema que ha creado su presidente.

Que Dios conserve la vista a los analistas que piensan que las declaraciones desafiantes de Pedro Sánchez hacia Donald Trump, sus risitas y sus gorras chistosas de meme para TikTok, están haciendo un favor a la posición internacional de España y reforzando su influencia en la geopolítica mundial. No repetiremos más veces lo de «si no estás sentado en la mesa, es que estás en el menú». Sólo añadiré una reflexión más.

Trump está en caída libre en las encuestas por culpa de una guerra de la que saldrá en cuanto le sea posible, sin dañar demasiado sus relaciones con Arabia Saudí e Israel. Un alicaído Partido Demócrata ha visto un rayo de esperanza para las elecciones del medio mandato del mes de noviembre. Pues bien, no encontrarán un sólo congresista demócrata destacado, senador o gobernador de un estado, que haya alabado públicamente el postureo de Sánchez, al que sólo han felicitado los ayatolás iraníes que ahorcan homosexuales y apedrean mujeres. Eso es lo que sucede cuando se nota demasiado que lo único que pretendes es discutir, para buscar un rédito que no tiene nada que ver con la raíz del conflicto.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias