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“El mundo de la empresa no es fácil, estás en riesgo permanente”
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“El mundo de la empresa no es fácil, estás en riesgo permanente”

Maria Mascaró es la segunda de los cuatro hermanos enrolados en la empresa de construcción y servicios Melchor Mascaró SA, con sedes en Manacor y Palma. Lleva en la compañía familiar desde que contaba 18 años y hoy, a punto de cumplir 60, desde su prisma de mujer, de consejera delegada y de responsable de las áreas de Economía y Finanzas, valora el papel del empresario en la sociedad, las distintas crisis vividas en primera persona, reivindica una “justicia justa” y defiende el papel de grupos ecologistas para la preservación del territorio.

¿En qué momento está ahora mismo la empresa Melchor Mascaró SA?

Somos una empresa que, a día de hoy, busca esencialmente mantenerse y consolidarse, sobre todo si tenemos en cuenta de dónde venimos. En primer lugar, nos afectó muy gravemente la crisis financiera iniciada en 2008 (como de hecho a todo el sector de la construcción); apostamos entonces por mantener los puestos de trabajo y la actividad de la empresa. Fue una crisis muy larga que nos costó mucho. En aquellos años, por ejemplo, la deuda contraída por la Administración alcanzó los 40 millones de euros. En esa tesitura, las entidades financieras nos dejaron claro que no querían papel de la Administración; afortunadamente con mucho esfuerzo logramos hacerles recapacitar y pudimos salir adelante. Fue muy duro, fueron tiempos muy difíciles. Todos en la empresa pusimos mucho empeño (y más que eso) para salir del atolladero: nos veíamos en la obligación de hacerlo porque la empresa era el legado de nuestro padre, y ni trabajadores ni proveedores dejaron de cobrar de nosotros. Fue una época de mucha preocupación. El famoso Decreto Montoro nos permitió cobrar esa deuda; eso sí renunciando a los intereses, que eran de unos cinco millones.

Era curioso (por así decirlo) observar cómo una empresa debía afrontar recargos de un 20% ante un eventual retraso de dos días en los distintos pagos administrativos; en cambio, si era la Administración la que no nos pagaba, no pudimos menos que renunciar a los intereses generados por su impago. Una situación verdaderamente surrealista e injusta.

El frenazo a la actividad, por mor de aquella crisis, fue muy pronunciado...

Así es. Hay que pensar que veníamos de una legislatura (la de 2003-2007) de muchísima actividad para la construcción. Se hicieron muchas carreteras, mucha obra pública, lo cual nos requirió de una estructura grandísima, que fue imposible mantener. En todo caso, despedimos a pocos empleados: quizás pasamos de una plantilla de 1.000 a unos 850, aproximadamente. En aquella situación, en la empresa prácticamente se trabajaba para poder pagar las nóminas, poco más. En la actualidad, Melchor Mascaró mantiene unos 750 puestos de trabajo.

“En la crisis financiera iniciada en 2008, la Administración llegó a adeudarnos 40 millones de euros”

¿Fueron aquellos los tiempos más duros y difíciles en la larga trayectoria de Melchor Mascaró SA?

Diría que sí, por todo lo relatado. Sin embargo, tiempos difíciles, de crisis, los ha habido cada cierto tiempo. Recuerdo que mi padre, que nos dejó el pasado año, ya se refería a la dureza de la crisis de principios de los años setenta (la crisis del petróleo, que espero que no se reedite ahora con la guerra en Ucrania). Él estaba en sus inicios y requería de un préstamo que no obtuvo de la banca, sino de un particular, a unos intereses elevadísimos. Mi madre tuvo que avalar con sus propios bienes, no quedaba otra. Particularmente, cuando yo me inicié en la compañía, también recuerdo la crisis de los ochenta. La diferencia es que esas crisis fueron de corta duración, en comparación con la crisis financiera iniciada en 2008. En 2020, cuando estaba el sector y nosotros alcanzando una situación de cierta normalidad y recuperación de actividad, nos llegó la pandemia y la anulación o ralentización de muchos proyectos. Y ahora que parecía que estábamos venciendo al virus y que los fondos europeos nos podrían conducir a una etapa mejor, estalla la guerra de Ucrania. No salimos de una y ya nos vemos en otra

En 2012, la empresa cruza fronteras y se embarca en proyectos en el extranjero. ¿Qué balance hace de aquellas experiencias?

Ya decía que aquellos fueron tiempos muy complejos, en los que tuvimos que hacer un gran sobreesfuerzo entre todos, para encauzar y organizar todo. Y, efectivamente, entre 2012 y 2015, salimos a trabajar al exterior. Lo hicimos en paralelo en Uruguay y en Túnez. Para poder trabajar en Uruguay, tuvimos que hacerlo en primera instancia de la mano de una empresa local. Configuramos lo que aquí se denominaría una UTE para la fabricación de naves y depósitos, básicamente. La operación no salió muy bien puesto que esa empresa nos estafó, con una deuda de más de un millón de euros. La cosa mejoró cuando pudimos trabajar por nuestra cuenta en el país. Pero finalmente decidimos no seguir, puesto que es muy difícil para todo el mundo trabajar fuera de nuestras fronteras. Requiere de mucho sacrificio por parte de nuestro personal, sobre todo si aquí hay trabajo.

Por lo que se refiere a Túnez, llevamos a cabo cuatro proyectos referidos a puentes y carreteras. Lo que nos sobrevino ahí fue la denominada Primavera Árabe. De esos proyectos, aún se nos adeudan cantidades importantes. Pero así como la deuda de Uruguay no la cobraremos, la de Túnez esperamos que sí.

Además de buena persona, mi padre fue un empresario inteligente, valiente, luchador y positivo”

¿Cómo se ha gestionado el virus? ¿Puede tener incidencia la guerra en el sector de la construcción?

El Covid no ha afectado al sector de la construcción como quizá a otros, pero qué duda cabe de que también se ha hecho sentir. Desde un punto de vista de logística e interno, el virus nos ha conllevado un sinfín de bajas entre nuestro personal, y la angustia derivada de ese hecho, la preocupación por la salud de nuestros empleados. Entre otras cosas, la pandemia ha producido una disminución en la producción y el suministro de materia prima, desde un punto de vista global, y la ralentización de muchos proyectos, no sólo en la construcción, claro está. En todo caso, la falta de materia prima nos ha llevado a una inflación importante. ¿Qué ha pasado ahora? Pues que la guerra ha agravado esa situación, con la correspondiente subida de los precios. Con relación al virus, la invasión a Ucrania añade una sensación de rabia, al ser totalmente evitable.

El nombre de la empresa, Melchor Mascaró SA, se debe a su padre, fallecido en enero del pasado año. ¿Qué destacaría de él como empresario y como persona? ¿Qué es lo principal que ha aprendido?

Mi padre fue un empresario inteligente, valiente, luchador y positivo. Recuerdo cuando de niños íbamos toda la familia en coche camino de Palma; era un buen momento para hablar con él. Yo le preguntaba si no estaba preocupado por tal o cuál tema. Y él siempre decía: ‘Si se rompés es pern que aguanta el món, vendria el que va fer es primer i en faria un segon’. Es decir, él se preocupaba por lo que podía preocuparse. No se obsesionaba con algo si no tenía solución. Siempre se mantenía muy optimista. Por otra parte, fue una buena persona, con principios, con buen corazón. Solía decirnos: ‘Cuando has pasado por un sitio, tienes que poder volver’ o ‘Tenemos que saber perder para otro día poder ganar’. Por otra parte, en el terreno familiar, a la hora de reñirnos, solía utilizar a mi madre; él únicamente nos soltaba alguna indirecta...

“Con relación al virus, la invasión a Ucrania añade una sensación de rabia, al ser totalmente evitable"

El de la construcción ha sido un sector, en general, con mala prensa...

En general, es así, es cierto. Pero no debemos olvidar que lo que hacemos es ejecutar proyectos promovidos por otros. Por ejemplo, en Mallorca, todos quisiéramos tener una isla super virgen; a todos nos interesa una isla sostenible, pero no es menos cierto que las cosas se han valorado de manera distinta en momentos diferentes. Tenemos que ser más consecuentes con lo que tenemos, y desarrollar todas las actividades de la mejor manera posible. Como mallorquina, hay proyectos que me producen un brinco en el corazón cuando los veo, pero todo el mundo quiere una casa dónde vivir, un cierto bienestar...

En los últimos tiempos, muchos extranjeros están comprando fincas en Fora Vila. Y esa es una forma de mantenerlas, cuando estaban totalmente abandonadas. Han hecho viñas, bodegas; han generado actividad. La realidad, en definitiva, hay que observarla desde todos los puntos de vista posibles.

Desde el punto de vista de la sostenibilidad, tenemos mucho que trabajar. Tenemos un territorio limitado y lo tenemos que cuidar, sin cometer locuras. Creo que en el presente y en el futuro quizá vivamos un cierto crecimiento, pero ni mucho menos tan expansivo como en épocas precedentes. Y ese crecimiento tiene que tener en cuenta los parámetros medioambientales y de sostenibilidad, sin duda alguna. El punto diferencial, a día de hoy con respecto al pasado, es que existe mucha concienciación social respecto al medio ambiente, en buena parte gracias al trabajo de grupos ecologistas, como el GOB, que ha permitido la preservación de varios espacios emblemáticos. Su labor ayuda a compensar y poner seny, que es bien necesario.

“Actualmente, existe mucha concienciación social respecto al medio ambiente, en buena parte gracias al trabajo de grupos ecologistas, como el GOB, que ha permitido la preservación de varios espacios emblemáticos en la isla”

Melchor Mascaró es una empresa familiar. ¿Eso hace la gestión más complicada?

Siempre la hemos gestionado a partir del diálogo entre todos. Cada uno de nosotros, cuando tiene algo que hacer saber, lo comunica. Y el resto de miembros del Consejo de Administración lo analiza con detalle y con cariño al mismo tiempo. Es decir, siempre hemos funcionado en base al consenso. Una vez que mi padre se jubiló, a los 65 años, dejó que actuáramos los cuatro hermanos bajo nuestras propias directrices. En este sentido, es justo recordar la figura de Gonzalo Aguiar, que hizo la función de enlace entre él y nosotros, sus hijos.

¿Qué radiografía haría del mundo de la empresa, desde dentro?

Las crisis, las coyunturas... El mundo de la empresa no es fácil: es un mundo de riesgo permanente. Nunca tienes tranquilidad: o no hay trabajo o lo hay en exceso. Visto desde fuera, puede parecer una cosa que poco o nada tiene que ver con la realidad de las empresas en su día a día. Por otra parte, nada es fácil en la vida y cada trabajo tiene lo suyo. En el mundo de la empresa, tienes que estar siempre despierta y con los ojos bien abiertos. Me entristezco cuando leo que la mayor aspiración de la gente joven es convertirse en funcionario el día de mañana, dicho sea con todo el respeto a ese colectivo, claro está. En parte creo que es porque en España se ha denostado injustamente la figura del empresario, del emprendedor. Por otra parte, creo que la cultura del esfuerzo ha ido a menos, en tanto que el Estado del Bienestar se ha ido afianzando en nuestra sociedad. Lo que tenemos que tener claro es que si no hay personas que arriesguen y generen actividad económica, no evolucionaremos. Sin riesgo, no hay evolución.

“¿La justicia? Siempre tuve la conciencia muy tranquila porque sabía que no habíamos hecho nada mal hecho"

Usted fue detenida en 2011 en el marco de la denominada Operación Cloaca ¿Cómo vivió aquel episodio? Tras esa experiencia ¿qué opinión tiene usted la Justicia en España?

Fue una situación muy desagradable: me detuvieron por una supuesta apropiación indebida de tres millones de euros en relación con el servicio de recogida selectiva de residuos, que teníamos contratado con el Consell de Mallorca, cuando la realidad fue que habíamos perdido en ese contrato un millón y medio de euros. Me supo fatal por toda la familia: mis dos hijas se vieron muy afectadas por mi detención, que fue objeto de la denominada pena del telediario. Yo (y así se lo dije a la policía) entendí que investigaran lo que consideraran, lo que no comprendí (ni entiendo ahora) es que, a mi llegada a la sede de la empresa en Palma, ya estaba toda la prensa congregada, esperando mi llegada... Y más rabia te produce todavía cuando publican un pequeño artículo para hablar del archivo de la causa, un par de años después, como fue en mi caso. El daño ya estaba hecho... Por otra parte, a raíz de aquel episodio dejamos de hacer varias obras que teníamos adjudicadas y comprometidas por un tema de responsabilidad social corporativa. He de decir que yo siempre tuve la conciencia muy tranquila porque sabía que no habíamos hecho nada mal hecho. Por otra parte, por un peritaje sin pies ni cabeza, mi hermano Jaime tendrá un juicio en septiembre de este año (2022) por unas obras acabadas en 2006. ¿Cómo puede pasar esto? Estoy segura, en cualquier caso, de que él correrá la misma suerte que yo, y será absuelto. Esperamos que la justicia sea justa.

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