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Martín Garrido o como pintar y escribir sobre el celuloide
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Martín Garrido o como pintar y escribir sobre el celuloide

Nos habíamos citado en su estudio taller cerca del Club Militar es Fortí. Cuando llegué estaba casi a oscuras, secando con una fregona una zona por la que se le había colado una fuga de agua que dejaba olor a humedad. Nos saludamos y a modo de queja, me comentó…

Esto me persigue sabes, ya me pasó en un estudio que tuve en el Coll de’n Rebassa y en otro en Madrid, se me inundaron. Lo peor fue en Madrid porque por una rotura de tubería de un vecino me encontré el local con cuatro palmos de mierda. No pude salvar nada.

Martín Garrido Barón nace en Barcelona el 1 de junio de 1982, año que comenzaría en viernes y sería declarado; Año Internacional de Movilización para la Imposición de Sanciones contra Sudáfrica por la Organización de las Naciones Unidas, en febrero se reabría la Cueva de Altamira y se inauguraba en Madrid la I Feria de Arte Contemporáneo ARCO-82, en París se editaba; Mi último suspiro, libro autobiográfico de Luis Buñuel, la Guerra de Las Malvinas comenzaba en abril y acababa en junio, un conflicto que enfrentaría a los gobiernos de Argentina y Reino Unido, España se incorporaba a la OTAN, durante el rodaje de la película; “En los límites de la realidad”, fallecería el actor Vic Morrow decapitado cuando un helicóptero perdió el control, fallecía la princesa Grace Kelly en accidente de coche en una carretera de Francia a Mónaco, en Suecia se entregaba el Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, Felipe González asumía la presidencia del gobierno de España, se editaba; La casa de los espíritus de Isabel Allende, se estrenaban en la cartelera ce cine; “La Colmena” de Mario Camus y otras películas que batían records de taquilla; ”E.T el extraterrestre” de Spielberg y “Blade Runner” de Ridley Scott, “Gandhi” se hacía con el Óscar a mejor película, director, actor y así hasta siete estatuillas, Michael Jackson presentaba “Thriller”, Antoni Tapies mostraba su obra Blanc Central y era adquirida por la Fundación Picasso Museo Casa Natal de Málaga.

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Me senté en un sofá, y él, frente a mí en una silla de cuero, estábamos rodeados de obras suyas y quedamos en mitad de un círculo cuadrado.

Le comenté que había estado revisando algunos datos que figuran en su página web…

Ah, sí. Debería actualizarla, hace algún tiempo que no la uso y le faltan noticias y fotos de las últimas actividades.

Hijo único de Martín Garrido Ramis nacido en Palma de profesión cineasta, actor, director, guionista, y de Beatriz Barón, actriz natural de Palma.

¿Qué ha supuesto para ti compartir casa con otro director de cine?

Somos diferentes tanto en lo personal, como en lo profesional, nuestras visiones son antagónicas. Mi padre tiene un carácter más áspero y yo más dócil y congeniamos bien. Lo que puedo asegurar es que haber nacido en esta casa, influyó para que me interesase el cine, el arte y la cultura.

Nace en Barcelona, allí residían sus padres en aquella época por motivos de trabajo, aunque cuando él tenía dos años se desplazaron a Mallorca.

Quisiera conocer tus primeros recuerdos ¿Dónde nos situamos?

A pesar de que en Barcelona estuve poco tiempo, guardo un vago recuerdo de la arquitectura gótica, es algo abstracto que ronda por mi memoria. Luego me veo en la Pensión Garrido, la casa de mi abuelo en la calle Sindicato, yo debía tener unos cuatro o cinco años y ya pintaba al óleo. Alguien debe guardar un cuadro que hice de un florero, siendo un renacuajo.

El ambiente que flotaba ahí, me atraía. Mi padre conocía a muchos artistas y se los traía para la pensión y así conocí a Miquel Brunet, a Roca Fuster, a Riera Ferrari, entre tantos otros. Sin darme cuenta me iba impregnando de aquellas visitas, las charlas y las tertulias. Años después seguí teniendo relación con Roca Fuster y pasamos largas horas de debates. A pesar de que conmigo siempre fue respetuoso con mis opiniones y con mi pintura, a veces su carácter visceral le creó enemigos y más de un conflicto. Como artista su categoría esta fuera de toda duda.

¿Estudiar, no era lo que más le gustaba?

Me pasaba más tiempo en casa que con la gente del colegio o con los amigos del barrio, además mi padre tenía una galería de arte y cuando salía del cole me iba directamente para allá. Me aburría la enseñanza, para mí no se trabajaba con el fin de desarrollar las capacidades de cada uno. Al impartir clases en general se entra en un bucle y damos vueltas como borregos. Pienso que se debe tratar más la individualidad, cada uno tiene sus peculiaridades y si desde jóvenes las encamináramos, tendríamos más posibilidades de acertar con nuestro porvenir.

Me comenta que fue a clases con Mateo Palmer y con Alceu Ribeiro y que tanto de uno como del otro aprendió a perfeccionar su pintura, a mejorar ciertos aspectos.

Horas y horas de corregir, observar las perspectivas, equilibrar, repetir una y otra vez, trazos en blanco y negro sobre objetos, sobre figuras. La influencia del claroscuro se perpetúa en la piel para siempre.

Había cumplido los dieciocho ¿Recuerda las sensaciones de su primera exposición?

Sí, en la Galería Mediterránea y fue clave para entender cuál podría ser mi futuro. Se vendió todo y justo es reconocer que no lo esperaba. Como he dicho antes, mis relaciones amistosas eran habitualmente con gente mayor y ese día no faltaron a la cita, lo que sí ocurrió es que al cerrar la galería me fui de copas a celebrarlo por primera vez, con los amigos de mi edad.

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Cuando llevábamos unos veinte minutos de charla y el calor comenzaba a ser molesto y el olor a humedad poco agradable, Martín sugirió ir al bar a tomar algo. Nos acercamos hasta el bar Penya Graderío en la calle Balanguera. Quedamos sentados afuera pidiendo unas cervezas y continuamos conversando. En algunos momentos el ruido del tránsito reducía el volumen de nuestras palabras y había que agudizar el oído.

Tu relación hoy en día con una tela en blanco, ¿es la misma que en tus inicios?

En cuanto a que empiezo de cero y no sé cómo voy a acabar, sí. Pero con el tiempo he aprendido a tentar el alma, a provocarla. Somos seres extraños y extrañados, a veces desubicados y en ese proceso de creación sé qué debo hacer un ejercicio de interiorización. Supongo que eso se aprende a dominar con el paso de los años. Ahora lo veo como un trabajo, lo considero prioritario para mantenerme cuerdo, obligarse a uno mismo te crea la necesidad de pintar, de escribir y si encima viene la inspiración, pues eso, le abro la puerta y la invito a una cervecita. Procuro tener los domingos libres para descansar, para desconectar.

En la elaboración de sus piezas, había comenzado a introducir lo que denomina “muñequitos” una especie de arlequines nacidos de la comedia italiana, portadores de una máscara y una vestimenta a rombos de colores. ¿Hubo algún motivo que le indujera a ello?

Era una manera irónica de expresarme, una crítica a ciertos personajes o actuaciones de la sociedad. Se me identificaba con esas figuras y hoy en día todavía hay quien me lo recuerda.

En ese mismo año, expone en Madrid y en la Feria Expo de Barcelona, en 2001 en Marbella y en la Nit de l’Art de Palma. En 2002 penetra en un terreno pantanoso, sin dejar de utilizar su formulario surrealista, sorprende con una; “Época negra” que trasciende más allá de la reproducción de sus pensamientos oníricos.

¿Por qué la ceniza se posó sobre sus telas?

Tiene mucho que ver con mi personalidad, aunque no me considero una persona triste, la melancolía produce en mí una reacción positiva y contrariamente a lo que otros pudieran pensar, yo me siento a gusto.

En 2005 con solo 21 años y después de haber ocupado numerosos cargos en producciones teatrales, en funciones relacionadas con el arte y la fotografía y con más de cincuenta cortometrajes a sus espaldas, ve como su primera película “H6 diario de un asesino” se estrena en más de 100 salas españolas, en el extranjero y en varios festivales.

Todavía vivíamos la era de los 35 milímetros y había sido un trabajo de largo proceso de grabación y de montaje. Para mí, habría un antes y un después de este largometraje, me afectó la mutilación de unos cuarenta minutos de montaje y por esa injusticia sigo renegando del film.

¿En sus producciones cinematográficas cabría cualquier tipo de género?

El cine es imprescindible en mi vida, pero haría una excepción con el cine romántico, me aburre. En el cine me siento como un pescador en mitad del mar, escampo mis teorías, reflexiono, medito, espero…

Estoy satisfecho de lo conseguido hasta ahora, pero me queda mucho por hacer, soy consciente de cuanto debo evolucionar tanto en la dirección como en la producción.

¿Dígame un actor y una película?

Robert de Niro y Toro Salvaje. En esta cinta confluyen muchos elementos que la convierten en magnífica, el guión, la dirección de Martín Scorsese, la soberbia actuación de Niro, un reparto excepcional, etc. etc.

¿Algún tema que le apasione?

La filosofía.

¿Cuál sería el orden de sus referencias pictóricas?

Caravaggio, Velázquez, Rembrant, Picasso, Goya.

Le agrada el arte clásico

Sin duda, y la música de cámara y el cine en blanco y negro que se dejó de hacer en los 70. Sin nostalgias, aquel cine era mejor que el actual. Los actores o actrices subían a un escenario y se paraba el mundo. Su voz se oía en la primera y en la última fila del patio de butacas, hoy en día hay actores a los que no se les oye a partir de la segunda fila. Esta profesión requiere de sacrificio y no basta con salir en un programa de televisión.

En el recorrido por la cronología nos habíamos bajado en la parada de la estación de 2005 y ese año expuso en la Galería Blitz, en 2006 fallece su amigo Roca Fuster y Martín plasma su ausencia en una siguiente exposición. En 2009 dirige el largometraje “El monstruo”, un film interpretado por Tony Isbert. En 2010 produce “Nos veremos en el infierno”, en 2011 “Vidas tenebrosas”, en 2012 su primer film en inglés “Mediterranean blue” y realiza una exitosa Performance en el Auditorium de Palma, en 2014 nos deja una exposición en Valencia y produce la película “El hijo bastardo de Dios” bajo la dirección de su padre y en la que intervinieron un nutrido elenco de intérpretes de la isla. 2017 Exposición en Galería Berlín, en 2020 edita la novela “El tren de juguete”, una trepidante historia de amor que sucede en un ambiente hostil, cargada de ingredientes, celos, odio, alcohol y una exquisita prosa. En 2022 tras la pandemia, ha vuelto a dar inicio a sus exposiciones y el primer enclave ha sido Palma.

¿Ha tenido alguna vez la sensación de que su obra se parece a la de un artista conocido?

He tenido una sólida formación que me permite no tener que copiar a nadie, no obstante es obvio que a veces de manera accidental podemos crear una pieza similar a algo ya existente, fíjate cuantos siglos llevamos de tradición pictórica, es más, en nuestro inconsciente también transita todo aquello que hemos absorbido en las lecturas, en las visitas a museos, o exposiciones de las obras de los grandes genios. Lo fundamental es que cada artista despliegue su personalidad y que su obra sea identificable.

Después de hablar con él, de escuchar sobre sus andanzas, no sé si prima más, si pesa más, su plasticidad, su agilidad literaria, o su manejo en la cinematografía. El caso es que sus lienzos me atraen y pongo énfasis en la atracción porque al quedar envuelto por ellos sentí la extraña sensación de que me habían inyectado una mezcla de aromas, utilizados en épocas distintas pero que confluían en ese espacio atmosférico. Dejé que mis ojos recorrieran uno a uno aquellos soportes surrealistas, reivindicaciones cubistas, abstracciones figuradas y tras un impresionista bodegón, yacía un arlequín de rostro descompuesto y perplejo junto a un grupo de doctores que inspeccionaban el cadáver de un hombre acostado sobre una camilla, o la alegre reflexión de azules y turquesas centelleantes de un paisaje indefinido. Casi me pinche con un brote espinoso de cactus, cuando intenté fotografiar desde el ángulo izquierdo. Aquellas almas pululaban a su antojo por la pluralidad de colores. Noté un sonido que me regresó a la realidad, como el chasquido de unos dedos y observé que Martín me estaba dedicando su novela “El tren de juguete” y se lo agradecí. La puse en mis manos y de nuevo percibí en el cerebro y en la piel, aquellas híbridas vibraciones.

Habíamos llegado al fin de la entrevista y mientras nos despedíamos, encendió un pitillo.

De vez en cuando me gusta fumar un cigarrito, me reconforta.

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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