Matar en nombre de Espinete

Tal vez esperen, queridos lectores, que escriba hoy sobre lo acontecido en Barcelona. Lo he pensado. Lo he meditado. Lo he descartado. No he colgado fotografías en las redes sociales con mi careto y una banderita, ni he puesto un crespón negro, ni he dicho eso de jesuisloquesea, ni me he marcado una vigilia con florecitas, velas y peluches sobre la acera. No me tomen por soberbio, no me considero mejor que nadie. Cada uno es libre de expresarse como sienta y considere. Y así está bien. Si no lo hago yo es porque me repatea saber que los desalmados que matan a inocentes se descojonan de nuestros lloriqueos.

Estoy cansado y no tengo ganas de reír ni de hacer reír. Seguimos en alerta de nivel 4 por amenaza de atentados terroristas y nos mantenemos en Defcon 1 de buenrollismo tontorrón.

Voy a comer cerdo, a beber alcohol, a ponerle minifalda a mi hija, a ir a la playa a ver chatis en biquini, a hacerle caso a mi mujer que es la que manda en casa y a reírme de los barbudos que se marcan la frente de tanto poner el culo en pompa como si pidieran guerra por la retaguardia aunque se creen muy hombres y para demostrarlo tiran a los mariquitas de las azoteas. Lo hago porque sé que eso les molesta. Lo hago porque es la forma en la que he elegido vivir. Lo hago porque no necesito hacer el bordeline casándome con niñas de doce años, mandando a mi hijo a que se vaya a tomar por el culo con un cinturón de explosivos, pegándole a mi esposa porque el cuscús se ha apelmazado, o atropellando infieles porque en el fondo mi vida es una porquería, soy feo, no mojo y a lo mejor así voy al paraíso a beneficiarme unas cuantas vírgenes.

Miren, a mí me da igual que alguien mate en el nombre de Alá o de Espinete. Lo que me preocupe es que mate. Antes de llamarme islamófobo —que es la nueva palabra de moda en competencia con fascista— piensen que tampoco tengo nada en contra de Barrio Sésamo. Barriosesamofobia, este palabro sí que mola. En fin, vayamos con otras cosas…

Ha sido esta una semana rara más allá del estropicio terrorista de Cataluña. De verdad les digo que no recordaba unos días tan cargados de sucesos, algunos de una truculencia remarcable. Es como si la muerte y la violencia hubieran suplido la desértica actualidad política. Y nosotros, los periodistas, sin los desvaríos de los políticos andamos perdidos, mocosetes y con los ojos humedecidos como un niño extraviado en un centro comercial. Lo peor de la especie humana nos da gasolina para escribir. Aún así, la escueta crónica política nos ha dejado algunos momentos interesantes.

Gabriel Cañellas no vio la luz al final del túnel y ahora el Consell de Mallorca se encuentra atrapado en esa oscuridad. Miquel Ensenyat y Mercedes Garrido oyen una vocecilla a lo Poltergeist que les dice aquello de «ve hacia la luz», corren, jadean, sienten que las piernas no les dan para más y se quedan sin poder salir. Su empeño en rescatar al Túnel de Sóller de la empresa concesionaria que lo explota a partir del 1 de septiembre no les ha salido como esperaban. Acordaron unilateralmente pagar 17,4 millones a la concesionaria y abrir el túnel de forma gratuita al tráfico. Pero los de la explotación reclaman una cantidad mayor, han acudido a los tribunales y la Justicia ha paralizado el proceso. El Túnel de Sóller es una de esas infraestructuras públicas malditas que emponzoña a todo político que se le acerque.

En la zona tibia —aún falta un poco para que comiencen los mamporros— encontramos la particular guerra fría de Podemos en Baleares. Tal vez al cuadrilátero en el que se disputará la secretaría general le falten esquinas. En una tenemos a Laura Camargo y en la opuesta a Mae de la Concha. Camargo es anticapitalista mientras que Mae de la Concha es anticapitalista «como todos». O me pierdo o no entiendo el combate, es como si peleara Cassius Clay contra Mohamed Alí. El aliño lo ponen los «puristas», lo que se erigen en depositarios de la filosofía asamblearia primigenia de Podemos. En la tercera esquina tenemos a los del Manifiesto de Sineu y en la cuarta a los de Som Bases IB, a cual más pureta y auténtico. A poco que a alguno más se le ocurra autocoronarse el más anticapitalista o el más purasangre esto va a acabar en melé a lo lucha libre para niños, con enmascarados voladores, apoderados bocazas y gigantones en fardahuevos gritando amenazas. Lástima que nuestro pelirrojo favorito, el furibundo The Undertaker, se retire del wrestling. Lo dicho, van a tener que habilitar un pentágono o algo con más esquinas.

Algo más caldeado está lo de Son Banya. Sí, dicen que desalojan el supermercado de la droga y que esta vez va en serio. Me reiría si el asunto no fuera de guasa. No nos engañemos, la idea de repartir a las familias de Son Banya por los barrios de Palma inquieta a más de uno que lo considera jugar a la ruleta rusa con los vecinos que te puedan tocar en el piso de abajo. Y a los desalojados parece que tampoco les agrada. Es lo que tiene la marginalidad, nunca se sabe por donde meterle mano. El alcalde de Palma, Toni Noguera, ya tiene más cosas que tirar: Sa Feixina, Son Banya, el edificio de Gesa se le cae… Este hombre es una bola de derribo con despacho. Cierto es que lo de Son Banya es fruto de una orden judicial y no un capricho como lo del monolito, y lo de Gesa es porque mucha foto y mucha verborrea, pero pasa del edificio. De seguir así, en unos meses el único destino posible del edificio de Gesa será llevarlo al contenedor de reciclaje de vidrio, que como está la cosa de la limpieza en Palma a lo mejor lo recogen en uno o dos años.

Las cifras redondas no son más que eso: cifras redondas. Esta semana se han cumplido cuarenta años del fallecimiento del Rey del Rock. El mayestático Elvis Presley nos dejó el 16 de agosto de 1977. Me sorprende la poca atención que han dedicado los medios de comunicación a su memoria. Supongo que se debe al consumo masivo de heces sonoras que algunos se empeñan en seguir llamando música. Se nos ha gripado el oído de tanto maltratarlo con reguetón, trap, pop indie baboso de anuncio de Estrella Damm, dilleys de los de dedito en alto a lo Al Qaeda y demás excreciones. Es lo que pasa cuando uno adopta como lo más el güisqui con Red Bull, que viene a ser al dry martini lo que Anna Gabriel a Claudia Cardinale en sus años mozos. ¡Qué rica estaba la mujer cuando Sergio Leone la filmó para Hasta que llegó su hora!

Bien pensado, no debería sorprenderme del discreto paso por la prensa de Elvis. Esta semana una serie de inundaciones y avalanchas han acabado —que sepamos— con la vida de 400 personas en Freetown, la capital de Sierra Leona, Apuesto a que la mayoría de los que leen estas líneas ni se habían enterado. Yo me enteré de casualidad. ¿Cómo vamos a recordar a Elvis si 400 desgraciados no merecen apenas un anoréxico titular? Son africanos, ¿qué más da? Podríamos hablar de ello, pero eso es otra historia

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