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Mr. Jones y la guerra cultural

jueves 27 de agosto de 2020, 03:00h

Cuando vi que Francisco José Contreras recomendaba la película Mr. Jones, disponible en Movistar+, no lo dudé. Me lancé a verla, y no decepcionó. Así Movistar comenzó a compensar el pufo de la noche anterior, cuando su aplicación se cayó durante la final de la Champions, dejándonos sin fútbol a muchísimos abonados muy cabreados. Mucho tendrán que espabilar.

Mr. Jones es una de las escasas películas que narran los crímenes socialistas. Causa sonrojo la comparativa con las incontables pelis de nazis. Y son muy necesarias, dada la inaceptable buena fama de que aún goza el socialismo: tanto es así que el PSOE conserva el término en su nombre, pese a que oficialmente abandonó el marxismo en 1979, mientras que tenemos algunos ministros abiertamente comunistas.

Hay que aclarar que “socialismo” puede significar según la RAE, en su cuarta acepción, “socialdemocracia”, lo que evidencia la confusión que reina en este tema, pues es muy diferente el socialismo marxista, el de las tres primeras acepciones (“sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes”, movimiento político que intenta establecerlo, o teoría económica y política de Karl Marx), de un socialismo democrático y reformista, que es el del PSOE, se supone.

Idéntica confusión, quizás deliberada, existe en cuanto a la ubicación del nacionalsocialismo y el fascismo en la extrema derecha, cuando estamos ante socialismos, sólo que nacionalistas en lugar de internacionalistas. Nada que ver con liberales ni conservadores, que son lo que habitualmente se incluye en la derecha. En fin, perdón por la digresión, pero creo que era necesaria.

La película narra la denuncia por parte de Gareth Jones del Holodomor ucraniano, cuando Stalin mató de hambre a millones de personas en lo que constituyó un auténtico genocidio. Pero más que centrarse en estos crímenes, la película muestra las mentiras con que se encubrieron y la campaña de difamación con que se enterró al pobre Jones, mientras el corresponsal del New York Times, Walter Duranty, ganador del Pulitzer, siguió viviendo como un marajá hasta el fin de sus días. Jones en cambio fue asesinado antes de cumplir los 30.

Ahora sabemos que Gareth Jones fue un héroe y que lo que contó era cierto. Aun así, siguen surgiendo regímenes socialistas y, lo que es peor a nuestros efectos, partidos socialistas (en el sentido marxista) con millones de seguidores en nuestras democracias cada vez menos liberales. ¿Cómo es posible?

Pues es posible porque tenemos también millones de Durantys en nuestros periódicos, radios y televisiones. Es posible porque los tenemos en las escuelas y universidades, de tal modo que los niños salen ya cortados por su patrón colectivista. He podido comprobar personalmente cómo nuestros libros de texto están completamente sesgados contra el mercado libre y la empresa.

Circula estos días un artículo de Luis Mª Ansón absolutamente premonitorio escrito ¡en 1981! titulado “La quinta pluma”. Les recomiendo encarecidamente que lo lean, porque describe detalladamente la estrategia de propaganda socialista:

Gramsci ha derrotado a Lenin en la estrategia de la lucha revolucionaria a largo plazo. El asalto al Estado por la vía de la violencia guerrillera todavía se utiliza para algunas naciones de menor rango. Pero, en general, la subversión del orden social de Occidente se ha organizado ya sobre la conquista de las superestructuras del poder, la cátedra, el libro, el cine, el teatro, la prensa, la radio, la televisión, la música, los ateneos, las salas de arte, los círculos intelectuales.

Ansón describe cómo la estrategia se basa en dividir, avivar la discordia, desestabilizar. Las nuevas causas, añado, ecologismo, feminismo, género, separatismo, sirven a este mismo fin. Y todo se basa en el engaño, como describía brillantemente este lunes Álvaro Delgado en relación con Podemos, porque el socialismo promete igualdad, pero lo que realmente entrega es pobreza y opresión. Como le dice en la película Jones a George Orwell, que luego escribirá “Rebelión en la granja”, el socialismo es infinitamente peor que el capitalismo, que al final no es más que el comercio libre. ¿Injusto, difícil? Tal vez, pero el comercio es lo que nos ha permitido salir de las cavernas, de la economía de subsistencia, y llegar hasta donde estamos.

Esta es la “guerra cultural” de la que habló Cayetana Álvarez de Toledo: la defensa de la democracia liberal. Es la batalla de ideas que tenemos que librar en defensa de la verdad, porque lo contrario quizás sea pan para hoy, no lo sé, pero desde luego es hambre para mañana. Un hambre como la de Ucrania bajo la bota de Stalin. Como la de Venezuela ahora, mientras Irene Montero se une a Zapatero en el Grupo de Puebla.

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