OSINT es un término misterioso con el que tal vez se hayan encontrado en la web. Es un acrónimo de Open Source Intelligence (Inteligencia de Fuentes Abiertas), y hace referencia al proceso de recopilación y sistematización de información disponible en Internet. OSINT se basa exclusivamente en los datos que son públicamente accesibles, es decir, no es cosa de hackers que accedan a información privada ni nada de eso. El caso es que la web contiene una enorme cantidad de información (que entre otras cosas ha posibilitado el desarrollo de la IA), pero es un poco como ese almacén inmenso en el que, al final de la película, depositan el arca perdida y recuperada por Indiana Jones: previsiblemente no volverá a ser encontrada jamás, estibada en un pasillo idéntico a muchos otros entre millones de cajas y contenedores. Pues bien, OSINT hace ese trabajo de búsqueda y sistematización que permite encontrar las cosas almacenadas y relacionarlas entre sí. Entre otras cosas, OSINT emplea los motores de búsqueda, las redes, los registros gubernamentales, los medios y la geolocalización por medio de satélites, así como herramientas específicas para agrupar la información.
Gracias al empleo de OSINT, por ejemplo, Bellingcat, empresa contratada por el opositor Alexei Navalni, consiguió descubrir online al equipo de sicarios de Putin que lo había envenenado con Novichok. Esto permitió a Navalni hacerse pasar por jefe del FSB y mantener una asombrosa conversación con uno de los asesinos. Otro ejemplo. En octubre de 2023, cuando RTVE clamaba por la masacre ocasionada por un misil israelí en el hospital Al-Ahli, OSINT exponía su versión (más tarde confirmada) de que se trataba en realidad de un cohete lanzado desde el lado de Hamás. Como era previsible, a partir de ese momento desapareció el interés de RTVE por la matanza.
Ahora mismo es muy entretenido curiosear en OSINT porque hay un petrolero ruso deambulando por el Atlántico (antes llamado Bella 1 y ahora Marinera) que a finales de diciembre eludió a la Guardia Costera de USA. Provenía de Irán, y se especula sobre el cargamento que pretendía transportar a Venezuela. Que los rusos le otorgan bastante importancia lo demuestra que han enviado varios barcos para escoltarlo, e incluso un submarino. Sin embargo Estados Unidos no renuncia a interceptarlo, lo que dibuja una situación un tanto delicada. Ah, también es interesante comprobar que aviones norteamericanos de transporte y de combustible, que en los últimos días habían llegado a bases del Reino Unido y Alemania, se desplazan ahora hacia Oriente Medio; puede ser que ambas cosas estén relacionadas. Escribo esto en miércoles; cuando lean esto el viernes tal vez ya sepan si el destino de los aviones era Irán (y tal vez el Bella 1 haya sido abordado). Las cosas pasan muy rápido estos días.
Dirán ustedes que esto de OSINT es cosa de frikis, y posiblemente tengan razón. Pero en todo caso es imprescindible acudir a la web para complementar la información que proporcionan los medios tradicionales. Esto es hoy especialmente importante, porque los medios occidentales mantienen un sorprendente apagón sobre lo que posiblemente es la noticia más relevante de estos momentos: las revueltas de los iraníes contra el régimen de los ayatolás. Las manifestaciones se iniciaron hace dos semanas en el Gran Bazar de Teherán por motivos esencialmente económicos: los comerciantes protestaban por la pérdida de poder adquisitivo. Pero las protestas se extendieron al resto de la población, especialmente a los estudiantes, y en estos momentos se producen diariamente altercados en decenas de ciudades. Ahora incluso la policía, enviada para reprimirlos, se está uniendo masivamente a los manifestantes.
El New York Times tiene una periodista iraní que no ha puesto ni un tuit en las últimas semanas. En el Reino Unido se critica a la BBC por la escasa atención que presta a la noticia; se insinúa que lo que pretende con su silencio es evitar criticar a la teocracia iraní y que le llamen islamófoba. En RTVE las noticias de la revuelta se proporcionan con cuentagotas, pero en este caso es normal: para ellos los malos oficiales e inmutables de Oriente Medio son los israelíes, y en cambio Irán patrocina a los heroicos luchadores de Hamás y Hezbolá. Esto, la incongruencia de la noticia con el relato oficial, es posiblemente lo que ha provocado también el apagón informativo sobre un apagón real: el que sufre desde hace días Berlín. Treinta mil personas llevan días sin poder alumbrarse, cocinar o calentarse (esto es noticiable) por culpa del sabotaje de un grupo ecoterrorista de izquierdas (esto no).
Por cierto, mientras hombres y mujeres se rebelan contra la teocracia iraní (con una treintena de muertos y miles de personas detenidas), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha mantenido un total de cero sesiones de emergencia y cero comisiones, de las que han emanado cero resoluciones de condena. La legalidad internacional, que actualmente tanto se invoca, también es esto.





