Valió la pena pasarse ayer por un quiosco de prensa y leer los titulares de varios diarios: en general, unos hablan de brotes verdes, otros de que será un año menos malo, otros que será un poco mejor, etcétera. Todo el mundo intentando adivinar qué sucederá, cómo irá la obra de teatro que es nuestra política. ¿Es posible que seamos una sociedad tan enferma que no miremos detrás, dónde se mueven las fuerzas que deciden el futuro? ¿Es posible que nos vayamos a quedar en la superficie? Sí, claro que es posible. Lo hacemos hace años. Sólo así podemos explicar que este país no tenga resuelto el problema del paro, mientras que en el resto de Europa jamás hayan superado el 15 por ciento. La economía, señores, como el teatro, no es sólo lo que se ve. Lo que se ve, las cifras evidentes, son las consecuencias de los fundamentos que no se ven. El paro, por ejemplo, es el resultado de más demanda de empleo que oferta. No se puede uno poner a resolver el problema del paro con inventos raros. Hay que incrementar la oferta de empleo, haciendo que la economía repunte, para lo que necesitamos que haya más actividad empresarial. Los brotes verdes funcionan igual: se crece cuando hay condiciones. Pero estas aún no se dan, si bien Zapatero ahora sí va por el camino correcto aunque no sea muy justo; ahora sí está reduciendo el gasto público, el déficit, después de haberlo descontrolado estúpidamente cuando Rato dejó las cosas en orden. Pero en España por lo que ví ayer en la prensa, seguimos queriendo ver el teatro desde la tribuna de los espectadores y no queremos pensar que los protagonistas son actores y que detrás del telón tienen un montaje para engañarnos, para ilusionarnos. Aunque, tal vez, lo mejor sea que sigamos siendo ilusos.
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