Este martes el Parlament Balear ha protagonizado uno de los debates más estériles que se recuerdan: certificar la existencia o no existencia de los Països Catalans. La mayoría mecánica del PP impuso que no existen. Si se tratase de debatir el sexo de los ángeles ahora sabríamos si son chicos o son chicas. El Parlament existe para intentar resolver los problemas de los ciudadanos, para fortalecer su presente y para encauzar su futuro. No para armar peleas donde no existían e inyectar histerismo y paranoia en el cuerpo social. No para aventar crispación inútil cuando debería imperar la calma para encontrar soluciones a los problemas reales. Es más: esta crispación enciende los ánimos de los segmentos más nacionalistas o propensos al independentismo. Pontificando que los Països Catalans no existen, el PP no consigue otra cosa que producir partidarios de este concepto entre los segmentos ideológicos que se le oponen. Consigue en efecto contrario del que buscaba. Es un error meter a Baleares de por medio en un pulso de enorme intensidad entre Madrid y Barcelona, donde está en juego mucho dinero y mucho poder. El Parlament debe seguir su propio camino alejado de batallas en las que tiene puede perder mucho más de lo que gane. Son tan grandes los retos del actual autogobierno a causa de la crisis que los debates absurdos debilitan la institución cuando debería mostrarse más sólida y segura que nunca, incluso por encima de partidismos e intereses grupo. Y entrando en el fondo de la obviedad de los Països Catalans (las obviedades no se someten a votación) es una verdad incuestionable que existen desde una perspectiva cultural y lingüística, de la misma manera que existe la presencia del idioma y la cultura ingleses en Australia, Nueva Zelanda o Canadá, o el castellano en toda Hispanoamérica. Y arrancando de esta misma obviedad es indiscutible que no existen desde una óptica política, jurídica ni administrativa. Es tan de sentido común como que el río Sena existe y pasa por París o el Manzanares hace lo propio por Madrid. Y no al revés.





