Tenía buena pinta ya la cosa sólo viendo el cartel de estrellas que se iban a subir al escenario, pero el resultado final superó cualquier expectativa. Pocas noches se recuerdan en el Principal de Maó mejores que la del viernes.
Es Carmen una ópera un pelín traicionera. Su estatus de archiconocida hace de ella una obra peligrosa. Todo el mundo conoce la Habanera, la Seguidilla y el cuplé del Toreador, y eso nos puede hacer olvidar la dificultad de su partitura. Bizet no es Verdi y la complejidad armónica del francés hace que muchos de sus bellos pasajes puedan convertirse en trampas mortales si no se lleva la partitura bien grabada en la memoria. Pero no fue el caso.
Nancy Fabiola Herrera es Carmen, literalmente. Pocas veces se puede ver sobre un escenario a un personaje tan perfectamente encarnado por su intérprete. Sin problemas de registro, su voz suena sensual e insinuante en la Habanera y la Seguidilla, y contundente y dramática en el aria de las cartas y en los últimos compases del cuarto acto cuando le recuerda a Don José que libre ha vivido y libre morirá.
El ingrato papel de Don José recayó sobre los hombros del tenor Aquiles Machado, que lo defendió con brillantez. El venezolano supo marcar bien la evolución del personaje, lírico en su primera parte y llevándolo hacia la desesperación y el dramatismo extremo en los últimos compases. Una voz solvente y de extraordinarios matices que llenó de emoción el Principal de Maó.
Simón Orfila jugaba en casa y se vino arriba, como los buenos toreros. Con el punto justo de chulería propio de su rol y sin escatimar un ápice de su gran voz, el de Alaior se metió al público en el bolsillo a las primeras de cambio. Su entrada triunfal con el "Votre toast" (el cuplé del Toreador) puso al respetable en pie. No era para menos. Larguísima fue la ovación que se llevó. Dicen los entendidos que el papel de Escamillo está mal escrito, y que no tiene una tesitura demasiado clara. Queda demasiado grave para muchos barítonos y demasiado aguda para los bajos. Pero la realidad es que la contundencia que le da una voz de bajo no se la puede dar un barítono. Orfila lo clava, lo defiende con extraordinaria soltura en toda la amplitud de su tesitura y lo hace realmente creíble. Chapeau.
Completar el cuarteto principal con la gran Isabel Rey es un lujo para cualquier teatro del mundo. La valenciana entiende a Micaela a la perfección y juega con el personaje en cada intervención. Divertida e inocente en su primera aparición buscando a su amado Don José y mutada en dramatismo puro durante su tercer acto en la montaña.
El cuarteto formado por María Camps, Marifé Nogales, Manel Esteve y Albert Casals se compenetra a la perfección. Los cuatro comprimarios sacan todo el jugo posible a sus personajes. Divertidos a ratos y solventes durante toda la función.
El veterano Stefano Palatchi dibuja un Zúñiga serio y competente, rotundo en la voz y en la interpretación. Le acompaña muy bien Alex Sanmartí, quien encarna al sargento Morales con solvencia. La bailaora Mercedes Ruíz aporta todo su arte flamenco para dibujar el fatal destino de Carmen en sus intervenciones.
El coro de los "Amics de s'òpera" muestra en este montaje toda su madurez como coro, cantando con aplomo y seguridad los pasajes más bellos y complejos de la partitura de Bizet. Ellos componen el único factor no profesional de la función, pero consiguen estar la altura en una producción de nivel internacional. Se nota el trabajo bien hecho bajo la dirección de Cristina Álvarez, quien también dirige a los pequeños del coro de Pueri Cantores de la Catedral de Ciutadella, siempre alegres y risueños en sus intervenciones.
La solvencia de la Orquesta Simfònica de les Illes Balears queda una vez más demostrada bajo la batuta del maestro Giuseppe Finzi, director residente de la Opera de San Francisco y que ha traído a Menorca toda su profesionalidad para dirigir con brillantez un montaje de gran envergadura.
Interesante también es la puesta en escena que nos propone Paco López. Ubicada más o menos en los años 20 del pasado siglo XX, su Carmen mantiene viva la esencia de la historia de la gitana y el torero. Clásica, sí. Pero convincente y sin tópicos superfluos que la ensucien.
Este domingo a las 20h tendrá lugar la segunda y última función de una Carmen que será largamente recordada por los aficionados de la ópera en la isla.
velada memorable








