Foto: J. Fernández Ortega
Cuatro viajes a China en cuatro años. Ningún otro líder europeo mantiene ese ritmo con Pekín. Esta semana, Pedro Sánchez suma el cuarto, del 11 al 15 de abril , con una agenda que mezcla tecnología, materias primas estratégicas y la voluntad de no quedarse fuera de ningún tablero mientras Washington y Pekín se lanzan aranceles a la cara.
No es un viaje improvisado.
LO QUE ESPAÑA VA A PEDIR
En el plano económico, Sánchez buscará atraer grandes inversiones chinas a España, despejar el camino para que empresas españolas puedan vender sus productos en los mercados chinos y garantizar el acceso de España a materias primas críticas y tierras raras. Tres objetivos distintos, pero con una misma lógica detrás: reducir la dependencia de cadenas de suministro que Washington puede cortar de un decreto.
El Gobierno presume de resultados. Las exportaciones españolas hacia China han aumentado un 7% en los últimos años, según datos del Ejecutivo —cifra que habría que contrastar con registros oficiales de comercio exterior—, aunque reconocen que el déficit comercial sigue creciendo porque las importaciones chinas, sobre todo en vehículo eléctrico, crecen más rápido.
Hay algo que España necesita y que China controla de forma casi monopolística: las tierras raras, los minerales que alimentan la industria de defensa, las renovables y la electrónica de consumo. Que ese acceso figure explícitamente en la agenda del viaje no es un detalle menor.
LA AGENDA CONCRETA: TSINGHUA, XIAOMI Y EL GRAN PALACIO DEL PUEBLO
La agenda oficial de Sánchez comienza el lunes 13 de abril con una conferencia en la Universidad Tsinghua y sendas visitas a la empresa tecnológica Xiaomi y a la Academia China de Ciencias. Al día siguiente, el martes 14, mantendrá la reunión bilateral con Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo y posteriormente encuentros con el primer ministro Li Qiang y con el presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji.
No es un programa de cortesía. El Gobierno quiere reforzar una alianza tecnológica con China en software, inteligencia artificial y robótica, y atraer inversiones que supongan valor añadido en España, que generen empleo local y desarrollo industrial. El paso por Xiaomi y por la Academia de Ciencias —donde el CSIC español aspira a colaborar en distintas áreas de investigación— forma parte de ese argumento.
Pero la foto no es solo económica.
EL CONTEXTO QUE NADIE ELIGIÓ
El viaje llega en un momento que Sánchez no diseñó pero que le conviene. La guerra arancelaria lanzada por Donald Trump ha forzado a las economías europeas y asiáticas a buscar alternativas. España y el conjunto de Europa buscan estabilizar cadenas de suministro y diversificar alianzas. Pekín, que lleva meses repitiendo que está dispuesta a ser "fuerza estabilizadora", recibe con agrado a quien llega con esa música.
El Ejecutivo sostiene que este viaje, igual que los anteriores, no va contra nadie, y defiende que es habitual que líderes occidentales visiten Pekín recientemente. Cierto, pero también cierto que Trump ya ha llamado a España "un socio terrible". La coincidencia no es inocua.
Lo que nadie explica del todo es cómo se cuadra esa posición: España dentro de la UE, que mantiene aranceles propios sobre productos chinos; España bilateral, que estrecha lazos con Pekín a un ritmo que ningún otro país europeo iguala. La tensión existe. Que no se hable de ella en los comunicados oficiales no la elimina.
BEGOÑA GÓMEZ EN LA DELEGACIÓN
Por primera vez, las autoridades chinas han invitado formalmente a Begoña Gómez a acompañar al presidente, en un momento de especial debilidad política de la consorte. La invitación viene de Xi Jinping. La agenda incluye un banquete oficial organizado por Xi para el matrimonio.
El gesto tiene lecturas diplomáticas —refuerza el carácter de visita de Estado— y lecturas domésticas que el Gobierno no controla.
QUÉ MIRAR AHORA
Tres elementos concretos para seguir este viaje más allá del comunicado de cierre:
Primero, si los acuerdos que se firmen incluyen compromisos reales sobre tierras raras y acceso a materias primas críticas, o si se quedan en declaraciones de intención como las de visitas anteriores. En la tercera visita de Sánchez, en abril de 2025, se firmaron siete acuerdos para facilitar la venta de productos alimentarios, sanitarios y cosméticos españoles al país asiático. El listón está puesto. Si esta vez no se supera, será noticia.
Segundo, qué dice —o no dice— la cumbre sobre los aranceles europeos al vehículo eléctrico chino. Es el nudo comercial más tenso entre Bruselas y Pekín, y España está en los dos lados a la vez.
Tercero, la reacción de Washington. Cada vez que Sánchez aterriza en Pekín, la Casa Blanca toma nota. Con Trump en el poder y la relación bilateral ya deteriorada, el margen para que ese silencio se mantenga es menor que nunca.
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