La cancelación por parte de la Obra Cultural Balear (OCB) de la conferencia de la Dra. Laura Miró Bonnin, doctora en Historia por la UIB, no es un simple cambio en un programa cultural: es un aviso serio sobre la fragilidad de la libertad académica en nuestra sociedad. Miró debía presentar una investigación rigurosa, avalada con sobresaliente cum laude y de proyección internacional, sobre un caso profundamente mallorquín: el antisemitismo contemporáneo y sus efectos en la comunidad xueta. Impedir su divulgación es impedir que la ciudadanía acceda a conocimiento contrastado y pueda pensar por sí misma.
La forma en que se produjo la cancelación agrava el problema: ni una llamada, ni un correo, ni una explicación formal. La investigadora se enteró por las redes sociales, mientras algunos grupos celebraban haber presionado a la entidad. Y la OCB justificó la decisión alegando “quejas de algunos socios”. Pero una entidad que presume de defender la cultura y el pensamiento crítico no puede ceder ante presiones ideológicas sin ofrecer transparencia ni argumentos. Eso no es democracia; es miedo al debate.
La investigación de Miró ilumina un fenómeno histórico que todavía tiene consecuencias sociales. Hablar de antisemitismo, de estigma y de discriminación no es una provocación: es una herramienta para entender cómo funcionan los mecanismos del odio. Mallorca conoce bien los riesgos de silenciar la memoria. En 1691, durante la cremadissa, tres personas xuetas fueron quemadas vivas ante treinta mil espectadores. Después vino un silencio secular, largo y pesado. Hoy, sin hogueras, pero con decisiones que buscan evitar la incomodidad, algunos parecen dispuestos a repetir ese patrón de ocultación.
Como socia de la OCB, esta decisión no me representa. Defiendo la entidad y su historia, pero precisamente por eso considero necesario señalar que ha fallado en su misión. Callar a una investigadora no protege la cultura; la empobrece. No protege a la ciudadanía; la desinforma. Y no protege la democracia; la debilita.
Lo que está en juego no es una conferencia más o menos polémica, sino el derecho a que la investigación académica llegue a la sociedad. Si hoy se silencia una voz rigurosa porque incomoda, ¿quién será el siguiente? ¿Qué otros temas se decidirá no abordar? ¿Qué verdades quedarán fuera del espacio público?
La investigación no puede someterse a vetos. La divulgación científica no puede depender del miedo. Y una sociedad madura no puede permitir que se oculte su historia ni su presente.
Porque silenciar a una investigadora no es solo callarla a ella: es callarnos a todos.
Empar Isabel Bosch Sans. Periodista e investigadora. Dra. cum laude en Historia, Historia del Arte y Geografía (UIB)




