Las contradicciones de Maheta Molango no tienen parangón, si bien son lógicas en quienes se aprenden un discurso de memoria que, además, revela su incapacidad para ocupar el cargo y la misión que le encomendaron. Si las palabras de Javier Recio en la presentación de Sergi Barjuan no concuerdan con el mensaje que debería recibir el vestuario pero al menos reflejan con realismo la precaria situación del equipo y del club, las de su jefe constituyen una tomadura de pelo comparable a aquellas 120 medidas de Utz Claassen y su fantasmagórico proyecto del “Mallorca 2020”.
En su conferencia más reciente y nos gustaría creer que no habrá más, el CEO afirmó que si un equipo “solo piensa en ganar, es que tienes un serio problema”; ayer, al contrario, aseguró haber cesado a Olaizola por perder el viernes pasado en Madrid contra el Alcorcón. Precisamente cuando sustituyó a Fernando Vázquez por el vasco, se supone que por motivos parecidos, argumentó que se apostaba por un modelo de cantera. Habrá cambiado de idea. ¡Vamos, digo yo!. De lo contrario lo lógico habría sido subir a Gálvez en lugar de ir en busca de remedios experimentales, pero eso equivaldría a rectificar su error de enero del 2016 y su orgullo, mal entendido y peor interpretado, no se lo permite.
El consejero delegado se pasa por el forro el clamor generalizado contra su gestión. No conoce ni un segundo de los ciento un años de historia y por ello mantiene con sueldo y cargo a un exfutbolista que estuvo en el club una sola temporada y en calidad de cedido, dice que debido a que los jugadores le respetan mucho. Pero, ¿le respetan a él?. Cada una de sus decisiones ha sido peor que la anterior y no transmite otra cosa que palabrería. Un día asegura que la propiedad continuará pase lo que pase y al otro filtra que un grupo chino está interesado en comprar las acciones. La pregunta es: ¿en Segunda B?. Ni en sueños.
El problema, como ya dejó caer el entrenador del Cádiz, Alvaro Cervera, no es entrenador, ni de plantilla, sino que viene de arriba. Seguro.







