SUCESOS Y TRIBUNALES

Son Banya, el supermercado de la droga de Palma que nunca cierra

Son Banya volvió este jueves a ser noticia. Un amplio operativo conjunto de la Policía Nacional y la Policía Local de Palma se saldó con siete detenidos por delito contra la salud pública, el desmantelamiento de nueve puntos de venta de drogas y la demolición de siete barracas construidas ilegalmente para despachar sustancias estupefacientes, principalmente marihuana, hachís, cocaína y un medicamento para la disfunción eréctil, kamagra.

Marihuana y cocaína hallada en el interior de un punto de venta de drogas en Son Banya.

Alrededor de 100 agentes de ambos Cuerpos de Seguridad, irrumpieron por sorpresa en el poblado a primera hora de la mañana, cuando apenas hay movimiento de clientes.

Son Banya ha demostrado durante décadas una capacidad de adaptación que desafía cualquier estrategia policial o urbanística. El poblado cambia, evoluciona y modifica sus métodos, pero el negocio permanece. Y sigue siendo uno de los mayores supermercados de droga de España.

CAMBIOS EN VENTA

La mecánica ha cambiado. Hace años las transacciones se realizaban en el interior del enclave chabolista, en las viviendas de los residentes o a través de las ventanas con barrotes. En la actualidad es diferente. Los clanes han desplazado la actividad hacia la periferia, entre la carretera de acceso y las primeras casas. Allí levantan barracas de madera, pladur, ladrillo y planchas prefabricadas destinadas exclusivamente a la venta de droga. Son construcciones efímeras. Tienen fecha de caducidad.

Quienes las levantan saben perfectamente que, tarde o temprano, serán derribadas. Pero también saben que volverán a levantarlas. Las excavadoras llegan de día y las barracas reaparecen de noche.

Un punto de vigilancia situado en alto, desde donde 'aguadores' avisan de la presencia policial.

Los antecedentes son abundantes. Durante los últimos dos años se han sucedido operativos policiales, derribos y demoliciones. En abril de 2024 se eliminaron varios puntos de venta y estructuras ilegales. En julio del mismo año volvieron a detectarse nuevas construcciones. En abril de 2025 se demolieron seis edificaciones. Apenas dos días después los clanes ya habían reconstruido varias de ellas. El 30 de abril hubo una nueva intervención. El 13 de mayo regresaron las excavadoras para destruir otras tres casetas levantadas tras los derribos anteriores. Un mes después ya se habían reconstruido nuevamente, hasta el punto de que una de ellas lucía un gran cartel con el nombre de “Las Vega”, toda una provocación que demuestra el descaro con el que actúan los clanes que controlan el negocio de la droga.

DERRIBO, CONSTRUCCIÓN, DERRIBO, CONSTRUCCIÓN

Lo que sigue siendo imposible conocer es cuánto dinero público cuesta este ciclo infinito. Mallorcadiario.com ha solicitado reiteradamente y desde hace un año al Ayuntamiento de Palma información detallada sobre el coste acumulado de las demoliciones, los operativos urbanísticos, la contratación de maquinaria pesada y los trabajos de limpieza posteriores. Pero Cort ofrece excusas vanas para eludir facilitar una información de evidente interés para los ciudadanos, cuyos impuestos costean los operativos, de efímero resultado.

Y, sin embargo, cualquiera que haya seguido la evolución del poblado sabe que las excavadoras de una conocida empresa de construcción con sede en Lloseta se han convertido en visitantes habituales de Son Banya, acompañadas de la Policía Local y funcionarios municipales. Las máquinas destruyen las barracas y retiran los escombros pero los clanes las reconstruyen en cuestión de días, si no horas. Y el contribuyente vuelve a pagar la siguiente intervención.

NEGOCIO BOYANTE

Son Banya no conoce la crisis. Se adapta a las temporadas turísticas, a la presión policial y a los cambios en los hábitos de consumo. En verano aumenta la afluencia de compradores.

Un agente custodia a un detenido que fue encontrado en el interior de una de las casetas de venta de droga de Son Banya.

Sin ir más lejos, este mismo jueves cuatro chicos alemanes, vestidos con camisetas de equipos de fútbol, tomaron un 'taxi pirata' para ir “a pillar”. La mala suerte quiso que cuando se disponían a salir del poblado, la Policía iniciaba su operativo. Les registraron y les hallaron una pequeña cantidad de sustancias que fueron intervenidas. El conductor del vehículo fue denunciado por infringir la normativa de transportes —carecer de autorización— y el vehículo acabó retirado por la grúa municipal.

Pero suceda lo que suceda, los clientes nunca faltan. No hace falta salir a buscarlos. Llegan solos. Desde Palma, desde otros municipios de Mallorca e incluso directamente desde el aeropuerto. Conocen el camino, saben lo que buscan y saben que allí lo encontrarán.

Por eso cada operativo supone una pequeña victoria para las fuerzas de seguridad, pero cada vez significa menos para la estructura delincuencial de los clanes. Los jefes que manejan el cotarro no son molestados. Se detiene a los pobres que menudean y que suelen tener pocas cantidades de drogas y muchos antecedentes. No estarán mucho tiempo en comisaría y raramente irán a prisión.

Detrás de cada barraca derribada hay otra preparada para levantarse porque permanece intacta la demanda que alimenta el negocio.

Son Banya sigue muy viva. Y mientras continúe existiendo una clientela dispuesta a ir allí y arriesgarse para comprar droga, los narcos del poblado seguirán encontrando la manera de reinventarse una vez más.

Joan Miquel Perpinyà

Periodista. Observador crítico de la realidad política y social balear. Antes director de Periódico de Ibiza y Formentera. Antes director de medios de Grup 4. Colaborador en Última Hora, Periódico de Ibiza y Formentera, Noudiari.es y esRadio Baleares. Guardia civil retirado. Exsecretario general de AUGC. Portada de Zero.

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