La última operación policial y judicial contra el narcotráfico en el poblado chabolista de Son Banya, dirigida por el juez José Castro, ha culminado con la detención de cinco personas y la incautación de una importante cantidad de cocaína. Esto pone de manifiesto que las cosas en Son Banya no cambian, o cambian poco. La venta de droga sigue siendo la actividad preferida de un buen número de habitantes del poblado y por más que se suceden las operaciones policiales, los ingresos en prisión y las desarticulaciones de algunos clanes, rápidamente otros toman el relevo y continúa el servicio 24 horas en esta depauperada zona de Palma.
Las cosas no pueden seguir así eternamente y aunque solo sea porque un juzgado ha ordenado el desmantelamiento del poblado, algo habrá que hacer para acabar con un gueto miserable que no tiene justificación posible en pleno Siglo XXI, en una sociedad moderna y democrática. Desde luego, todo ha de hacerse desde el punto de vista de la integración social de los habitantes del poblado y con la supervisión de los servicios sociales del Ayuntamiento de Palma. Y es dudoso que quienes malviven en condiciones tercermundistas allí, dedicados al lucrativo negocio de despachar cocaína y heroína, tengan voluntad de reinsertarse laboral y socialmente en la sociedad, así por las buenas. Pero está claro que Son Banya no ha cambiado en los últimos 50 años ni tienen intención de hacerlo.




