Sutilezas

Hubo un tiempo en que, sobre todo en las bodas, los novios o sus padres distinguían entre invitaciones y participaciones. Entre familiares y amigos se repartían aquellos de quienes se esperaba su presencia en el convite y otros que solamente eran receptores de la noticia del enlace. Pues algo así hizo el Mallorca con motivo de la gala celebrada el pasado domingo en el Teatro Principal. Algunas personas recibieron una invitación en toda regla, otras fueron convocadas a través de un sencillo e-mail y unas terceras fueron simplemente informadas del acto. Todo bajo la escrupulosa supervisión de rigor. De ahí ciertos olvidos y, sobre todo, determinadas ausencias de “participados”, que no “invitados”.

Algo parecido sucede en el mundo de la comunicación donde la clara línea entre información y opinión aparece cada vez más ténue y, ya en numerosas ocasiones, no se hace la menor separación entre ambas. Iba a añadir que eso se hace sobre todo muy patente en la información deportiva, pero al reflexionar rápida y brevemente, me doy cuenta de que sucede en casi todas las áreas y medios. Ya no hablemos en internet o a través de las redes sociales.

A propósito de ello, aprovecho para recalcar que una noticia escueta sin ninguna coletilla crítica ni matiz añadido a su simple nudo, sólo tiene intención, buena o mala, en la interpretación del lector. Puede haber opiniones con mala leche o al contrario, pero de ningún modo se dan hechos de una naturaleza distinta ya que, como tales, son incuestionables. Dicho sea porque en lo que hace referencia al primer párrafo de este artículo, hablamos de realidades concretas y todo lo que se ha escrito después son interpretaciones. ¿O no Tugores?.

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