Te acompaño

Las emociones que nacen en el corazón son las más complicadas de expresar con palabras. En estos casos, el más locuaz, culto y de gran léxico se vuelve torpe cuando tiene que transmitir lo que siente. Hacer acopio de expresiones o frases de terceros ayuda a salir del paso cuando nos encontramos ante la necesidad de comunicar sentimientos de manera clara. El mensaje que me vino a la mente lo tomé prestado de mi profesor de derecho constitucional: "No estoy de acuerdo, pero eres mi amiga, es tu decisión y te acompaño".

Sucedió hace unos días. Viendo reactivamente las noticias escuché a una niña, llamada Noelia, pedir morir. Apenas pude seguir el caso unos segundos, me embargó una profunda pena, senti dolor en el corazón y sensación de fracaso. Apagué el ruido mediático, encendí el criterio propio y puse en marcha mi base jurídica.

Estudiábamos el artículo 15 de nuestra Constitución, "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra", cuando el profesor, poniéndonos un ejemplo, pronunció aquella frase. Este artículo es el pilar de nuestros derechos fundamentales. Sin embargo, no está exento de aristas al entrar en conflicto con otros derechos como son el derecho al aborto y el derecho a la eutanasia. Ambos son temas delicados en los que se entremezclan concepciones y principios que no tienen por qué obedecer a una ideología política o a una doctrina religiosa. Son asuntos tan sensibles que banalizarlos hasta el punto deque algún partido político se sienta abanderado de estas causas me parece de una simpleza preocupante. Tan preocupante como que, cuando se aprobó la Ley de la Eutanasia se hizo por unanimidad de todos los partidos que apoyaban al gobierno, con la honrosa excepción de dos abstenciones, una del diputado de Teruel Existe y otra de un diputado de PDeCat que alegó motivos religiosos. Este detalle, y la lectura de la exposición de motivos de la ley 3/2021 de la Eutanasia me llevan a deducir que ni el legislador ni los diputados pudieron imaginarse el caso de Noelia. Si hubiera sido así, a mi parecer, el número de abstenciones hubiera sido mucho mayor y quizás también los votos en contra. Es probable que la Ley se hubiera llegado a aprobar. Pero hay que resaltar que en la exposición de motivos la Ley parece orientada a dar cobertura jurídica a casos de prolongación de la esperanza de vida y a retraso en la edad de morir para personas de edad avanzada con serios problemas de dependencia y elevado sufrimiento. Resulta difícil pensar que el legislador tuviera en mente un caso análogo al de Noelia que pudiera caber en el espíritu de esta Ley.

Me pregunto qué han sentido después de asistir al fallecimiento de Noelia aquellos parlamentarios que pulsaron el botón verde del sí por la única razón de seguir al líder, por disciplina de voto, sin haber meditado y analizado en profundidad lo que contribuían a aprobar. Legislar sobre el derecho a nacer y sobre el derecho morir requiere amplios conocimientos, empatía, temple, escucha, amor, un profundo respeto por la vida y por el prójimo y altas dosis de compasión. Por desgracia, no veo atisbo de ello en la inmensa mayoría de nuestros representantes.

Me pregunto también si alguno de ellos mientras se debatía esta Ley en el Congreso de la España confinada, estaría jugando al Candy Crash, acomodado en su sillón parlamentario, solo atento a no equivocarse de botón en la votación de la norma que ha permitido a Noelia descansar después de que todos le falláramos.

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