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Una quiebra que pone en jaque la principal industria balear

martes 24 de septiembre de 2019, 00:00h

El sector turístico se desayunaba este lunes con la quiebra de Thomas Cook. El turoperador británico anunciaba de madrugada su suspensión de pagos después de que la empresa no pudiera asegurar los 200 millones de libras (unos 227 millones de euros) que necesitaba como fondos extra para poder garantizar su supervivencia. Las deudas, la competencia de los rivales online, el coste del combustible, el precio de los hoteles -hace unos meses reclamaban en Mallorca que se bajaran precios- y factores colaterales como el Brexit han dado la puntilla a un gigante del mundo del turismo con 178 años de historia.

El colapso de la compañía dejaba varados a cerca de 600.000 turistas por todo el mundo y sorprendía a los 22.000 empleados -1.000 de ellos en Baleares- que se verán afectados por la quiebra.

Para Baleares es una pésima noticia con "consecuencias sin precedentes", según expresión textual de la presidenta de la FEHM, Maria Frontera. De momento, la previsión es que la comunidad perderá un total de 353.914 plazas aéreas hasta agosto de 2020 como consecuencia de la caída del touroperador británico. Una cifra que se añade a la caída en el número de visitantes que registra la actual temporada. A ello, y mientras estas plazas no sean redirigidas a otros operadores si finalmente es posible, hay que añadir los efectos de esta crisis en sectores colaterales como el comercio y la restauración.

La quiebra de Thomas Cook se enmarca en el escenario de incertidumbre que viene generando el Brexit desde hace ya mucho tiempo. Seguramente, la compañía no ha sabido reaccionar a factores externos como la competencia de los operadores online y el cambio en los hábitos de los turistas a la hora de elegir destinos y hacer sus reservas. El colapso del gigante se venía anunciando desde hace unos días. Los expertos apuntan, sin embargo, que muchos potenciales clientes británicos se habrían desanimado a realizar sus reservas ante la incertidumbre que supone el decidido abandono de la Unión Europea. De hecho, el peor de los escenarios señala que el turismo británico caería casi un 28 por ciento si finalmente se produce un Brexit no negociado, según el último informe mensual sobre Turismo publicado por CaixaBank Research.

Con esta perspectiva es cierto que el margen de maniobra existente en Baleares sobre factores y decisiones externas es muy reducido, pudiendo influir ciertamente poco en la evolución de los hechos. Por ello es primordial destinar cuanto antes esfuerzos a aquello que sí está en manos de nuestros gobiernos y empresas. Para salvar este jaque a la principal industria balear, los agentes locales deben esforzarse para seguir apuntalando la fortaleza del destino, mejorando las infraestructuras y apoyando al sector con decisiones legales y fiscales que faciliten su desarrollo y aseguren el flujo de turistas e ingresos.


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