España entera está de luto por la tragedia ferroviaria que tuvo lugar por la noche del pasado domingo en el municipio de Adamuz (Córdoba), donde dos trenes chocaron. El balance es absolutamente aterrador: al menos 39 personas perdieron la vida, más de 120 resultaron heridas, de las cuales 43 siguen hospitalizadas, mientras familias enteras siguen viviendo el peor de los limbos: el de no saber dónde está un padre, una hija, un hermano.
En horas así, lo primero es lo obvio y lo más difícil: acompañar. La fase de emergencia y rescate obliga a movilizar recursos públicos, asistencia psicológica, identificación ágil, información clara, cercanía institucional y calor humano. A las víctimas y a sus familias se les debe respeto, pero también verdad: la verdad de lo ocurrido y la verdad de cada dato, sin especulaciones ni consignas. Porque el duelo no puede convertirse en un terreno de propaganda.
En ese marco, la decisión del Ajuntament de Palma de cancelar los actos oficiales de Sant Sebastià, patrón de la ciudad, es un gesto sobrio, proporcionado y oportuno. No procede festejar nada en estas circunstancias. Ante una tragedia humana con tantos compatriotas afectados, no se puede hacer como si nada. O al menos las instituciones no pueden ignorar el inmenso dolor que sufre la sociedad española.
A las víctimas y a sus familias se les debe respeto, pero también verdad: la verdad de lo ocurrido y la verdad de cada dato, sin especulaciones ni consignas
Pero la compasión y la empatía no sustituye a la responsabilidad. Aquí hay una exigencia innegociable: una investigación minuciosa y exhaustiva que esclarezca el encadenamiento fatal —el descarrilamiento inicial del Iryo y el choque posterior con un Alvia— con transparencia y sin atajos. No basta con “es pronto” ni con el “ya veremos”: habrá que determinar si falló la infraestructura, si hubo error humano, un elemento técnico, la señalización, el mantenimiento o el protocolo. Y habrá que hacerlo con independencia, con rigor y con consecuencias. Porque en esto tampoco se puede hacer como que se trata de una fatalidad y seguir como si nada. Ni mucho menos.
Es cierto que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha prometido aclarar las causas del siniestro, consciente de que con este terrible accidente ferroviario se ha dañado la confianza en el ferrocarril, un servicio que la ciudadanía percibía como seguro. Recuperarla exigirá algo más que condolencias: exigirá respuestas, medidas y garantías. Y cuanto antes, mejor.





