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Verano en blanco y negro

miércoles 24 de junio de 2020, 04:00h

Anoche las playas estuvieron apagadas. El Covid también se ha cebado con San Juan… Anticiclón en Mallorca. Un manto de fuego nos ha arrebatado la fresca primavera de un plumazo, cayendo con una fuerza tal que levanta serpenteante el aire ardiente de la tierra, derritiendo los perfiles de los almendros, el horizonte en el mar, y hasta el contorno de nuestro incierto presente. Un presente amenazante e improvisado, que caduca cada minuto… para el que no te puedes preparar.

España tiene miedo y no es para menos. Los datos publicados por el CIS sobre los planes de los españoles para este verano son absolutamente sobrecogedores. Dos de cada tres españoles declaran que este año no se irán de vacaciones, la mitad de ellos dice que es por miedo al corona-virus y los otros lo achacan a la escasez de recursos. Seguimos sin tratamientos ni vacuna, los rebrotes no dejan de saltar y la apertura de las fronteras se traduce en un coctel inestable de miedo y necesidad. El sedentarismo estival es un hecho y, según el CIS publicado, la mitad de los pocos que saldrán de vacaciones este verano planea hacerlo como mucho a la casa del pueblo o la de algún amigo y la mayoría desea unas vacaciones sin aglomeraciones, sin sustos, al “interior” y no se refieren a las cosas del alma. Serán vacaciones baratas: poco hotel, poco apartamento de alquiler y nada de compras ni de gastar (parece que no bailar en las discotecas, la barras cerradas y hacer cola para entrar a despellejarse las manos con alcohol cada cinco minutos en las tiendas con la boca tapada no resulta un plan apetecible ni para los que tienen algo que gastar). Contra todo pronóstico, con el fin del estado de alarma y la recuperación de la libertad, este primer fin de semana las carreteras de España siguieron a medio gas y los aviones continúan volando con cuenta gotas. Son datos implacables, Baleares y Canarias, por primera vez en la historia, desaparecen del top ten de los destinos preferidos.

Pintan bastos para la economía balear, la española y mundial. Hoy en España hay nueve millones de personas en situación económica de paro (sumando los cuatro millones que están en los ERTES, otros cuatro millones en el desempleo y un millón de autónomos en “cese de actividad”). Hemos pasado de “Estado de alarma” a “alarma general” y es que la mezcla de miedos, por un lado al virus, con esta inevitable sensación de que todo está prendido con alfileres por un gobierno de incompetentes, y por otro lado el creciente miedo a un tsunami con la peor crisis económica que hayamos vivido, ha derivado en una poderosa fuerza paralizante que amenaza con llevársenos por delante porque, aunque nadie lo quiso ver a tiempo, no se para ni se pone en marcha un país entero a toque de silbato. Desgraciadamente la realidad es tozuda, tal como auguraban los empresarios, estas cosas de la economía llevan su tiempo y, por mucha homilía de fin de semana de lenguaje campanudo presidencial, por mucha campaña oficial saliendo ahora todos vestidos de agentes turísticos para animar al personal a viajar, a la vista de los datos de CIS, para muchos españoles este año la nueva consigna de “salvar el verano” consiste en llegar al otoño sanos y con un empleo.

Serán estas unas vacaciones en blanco y negro como las de hace 50 años. Veranos de días iguales, de cazar lagartijas y de parón. Serán vacaciones más de sol y moscas que de sol y playa, en las que en lugar de cruzar fronteras y viajar, cruzaremos al poyete de la puerta para tomar el fresco. Si lo que dicen estas encuestas se convierte en realidad, estamos ante una hecatombe económica y social. Esperemos que la realidad no sea tan trágica, pero todo apunta a que este verano será al mismo tiempo un verano nostálgico e inolvidable y digno de olvidar.

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