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#yomequedoencasa, una responsabilidad individual

lunes 16 de marzo de 2020, 00:00h

Más allá de la amenaza de multas y la exhaustiva reglamentación recogida en el real decreto que declara el estado de alarma, el sentido común debería bastar para que los ciudadanos apliquen la más elemental norma para protegerse -y proteger a los demás- que es quedarse en casa. Las llamadas en este sentido se empezaron a realizar antes del domingo -cuando entró en vigor el decreto-, aunque ha sido desde su publicación cuando los agentes de policía han comenzado a insistir sobre el terreno en la necesidad de no salir a la calle, sin que faltasen momentos de tensión con algunos ciudadanos.

La presencia no justificada de personas en las calles puede tener una excusa en el caso de turistas despistados, pero de ninguna manera en el resto de población. No se trata de unas vacaciones ni de un periodo de desconexión en el que es factible hacer deporte, disfrutar de los espacios abiertos, hacer excursiones o mantener reuniones de amigos. Habrá tiempo para eso más adelante, pero no ahora. Y ese tiempo llegará antes si todos nos concienciamos de que es necesario parar la progresión de contagios.

El mensaje "yo me quedo en casa" debe ser una realidad. Millones de españoles lo tienen asumido, pero aún quedan muchos que no entienden la gravedad del momento y la necesidad de tener que aceptar el pequeño contratiempo que, en general, puede significar no salir a la calle. Este lunes es el primer día laborable del periodo de alarma y permitirá comprobar el cumplimiento de las nuevas normas; una normas que de no ser respetadas suficientemente podrían llevar al Gobierno a decretar la aplicación de órdenes mucho más restrictivas.

Las autoridades tienen la evidente responsabilidad de gestionar la crisis con medidas de carácter sanitario y con la administración de todos los recursos que tienen a su alcance. Sin embargo, el éxito o el fracaso del objetivo común está, en buena parte, en las pequeñas decisiones de cada uno de nosotros, asumiendo que un pequeño gesto o una sencilla renuncia tienen un efecto multiplicador para que esta situación se resuelva finalmente de la forma más satisfactoria y rápida.


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